Un Quijote que habla por su autor: “El hombre que hablaba difícil” de César Brandariz

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Una biografía, como parte de un discurso, suele decir “algo”: determina una postura ante la vida de alguien. En este sentido, la vida y obra de Cervantes es una fuente (aparentemente) inagotable de estudios que hacen mano de todo tipo de teorías. Pero el libro de César Brandariz no es exactamente una biografía del manco de Lepanto. Más bien, es un recurso de indagación que se propone “desengañar” al desocupado lector cervantino. El título de su obra fija el objetivo: El hombre que “hablaba difícil” ¿Quién era realmente Cervantes? Primer siglo y cuarto de ignorancia biográfica y tres siguientes de error histórico (1616-2010).

En esta línea, César Brandariz presenta un trabajo que continúa la línea de investigación que en Reconstruyendo a Cervantes (1999) y Cervantes Decodificado (2005): indagar la vida de Miguel de Cervantes y los elementos que se ciñen a su obra para consolidar teorías contrarias a las seculares. En el El hombre que “hablaba difícil” Brandariz presenta en cuatro capítulos y un apéndice teorías sobre los errores que han llevado a la ignorancia biográfica y los errores históricos de la vida del manco de Lepanto. Su objetivo es claro: «Esta publicación pretende ayudar a […] recuperar y ampliar los horizontes cervantinos incitando a los estudiosos a, que busquen profundizar en las ya incuestionables raíces y cuna galaico sanabresa de Cervantes» (p. 18).

Sin embargo, el libro de Brandariz se hace eco de errores y ambigüedades de la obra de Cervantes para dotarlos de un significado poco sustentado en la praxis científica. Más aun, Brandariz encarna a don Quijote, pues al leer la obra de Cervantes ve en ella una realidad absoluta, libre de la representación literaria creyendo que lo ficticio es real (o al menos le busca una referencia práctica, como lo hace don Quijote al ver un yelmo en lo que es una vasija, etc.).  Brandariz encuentra en numerosos pasajes de la obra de Cervantes elementos que refieren a su edad, como por ejemplo en el prólogo a las Novelas ejemplares «mi edad no está ya para burlarse con la otra vida que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano» (cito por la edición de Harry Sieber, en Cátedra, 2007). Como se sabe, la obra es publicada en 1613, y Brandariz cree que Cervantes la firma y publica en el mismo año, cuando está  acotado por la crítica el hecho de que la obra fue aprobada y censurada en el verano de 1612 por el doctor Cetina, Fray Juan Bautista y Fray Diego de Hortigosa, con lo cual, Cervantes tendría los 64 años que refiere, siendo correcta la afirmación de Martín Riquer (En Cervantes, M., Don Quijote de la Mancha, Madrid, Alfaguara, 2005) sobre el nacimiento de Cervantes el 29 de septiembre de 1547. Lamentablemente, Brandariz se hace eco de errores de este tipo, ya sea por desconocimiento de las largas y complejas dinámicas de publicación de la época, o por lectura anacrónica de la obra. A lo largo de este primer capítulo, queda claro que son muchos los textos, testimonios y referencias que no terminan de encajar en la reconstrucción de la vida de Cervantes.

A lo largo de casi trecientas hojas, Brandariz repite una y otra vez citas, estudios (sin nombres ni autores), teorías y datos geográficos que pretenden perpetuar la idea de que Cervantes nació en Sanabria en 1549 (y no es 1547 en Alcalá de Henares) y de un “ocultismo” ligado al autor. Brandariz no mira el contexto ni los estudios serios y extensos sobre estos temas. La duda que propone Brandariz me parece razonable, pero el método y las aseveraciones tan gratuitas, son peligrosas y en mayor medida no ayudan a comprender mejor los capítulos más confusos de la vida de Cervantes. Lo que al final propone Brandariz no es revisar ni considerar la vida del autor del Quijote, lo cual sería interesante bajo el rigor académico, sino que directamente ataca los datos (falsos o no) con inmanencias radicados en la obra del autor y en las dudas y errores de los demás. La crítica especializada bien podría refutar muchas de las teorías que plantea Brandariz con sencillas revisiones. La importancia real de aclarar estos puntos es evitar que teorías ocultistas florezcan a costa de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra.

Alejandro Loeza

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