Los tres maridos burlados

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En la excelente edición de 2001,  Ignacio Arellano, con ilustraciones de César Oroz, presenta la novela Los tres maridos burlados, cigarral quinto publicado por primera vez en Cigarrales de Toledo en 1624. La jocosa obra que nos presenta el Instituto de Estudios Tirsianos (IET) resalta la clave burlesca y la eutrapelia que Tirso confiere en esta pequeña novela. Curiosamente, o al menos llama la atención, Tirso de Molina fue llamado y enjuiciado en 1625 por la Junta de Reformación de las Costumbres, bajo la acusación de escribir obras profanas. Lecturas a las que claramente alude Tirso en sus comedias (como a Ovidio, Horacio y Cátulo) fueron motivos suficientes para indagar sobre su interés en este tipo de obras.

Por su parte la novela Los tres maridos burlados se constituye de la siguiente manera. Siguiendo el modelo de la novela miscelánea, don Melchor se dispone a contar la historia de Los tres maridos burlados. Protagonizan esta prosa los matrimonios constituidos entre Lucas Moreno y Polonia, Morales y Mari Pérez, y el celoso Santillana e Hipólita. Las burlas surgen a partir de una competencia (evocadora del juicio de Paris y la manzana de Eva) en la cual las tres esposas encuentran una joya  y para determinar quien debe quedársela, confiere juicio al Conde, quien les propone: “que cada cual de vosotras, dentro del término de mes y medio haga una burla a su marido – como no toque en su honra-, y a la que en ella se mostrare más ingeniosa se le entregará el diamante y más cincuenta escudos que ofrezco de mi parte” (p. 39).

La primera esposa burla a su marido Lucas Moreno (cajero de un caudaloso genovés) haciéndole creer que ha muerto, en complicidad con los vecinos y amigos del mismo. En esta burla, no se deja de referir a Lucas con los juzgamientos propios de la época a todo cajero y el dinero es un discurso presente en la crítica al muerto en vida.

La segunda esposa, Mari Pérez, le hace creer a su marido Morales (pintor de oficio) que este ha enloquecido y extraviado la casa (!). Haciéndose pasar por enferma Mari Pérez en una noche de lluvia, logra que su avaro esposo vaya a conseguir ayuda médica. En su ausencia y nuevamente con la complicidad de varios amigos, transforman la casa en una taberna ruidosa, hogar de la fiesta y el baile. A su vuelta, Morales no encuentra su casa y tocando en donde cree que es, le echan y le toman por loco. Ayudado por su amigo, el celoso Santillana, regresan al día siguiente sólo para verificar que la casa está en su lugar, sin novedad alguna. La esposa le recrimina sus locuras pero Morales acusa el hecho a ser cosa de brujería y/o duendes, con lo cual decide cambiar de casa.

La tercera y última burla es tan ingeniosa como compleja en su armaje. No creo que esté exenta de elementos que merezcan ser observados con detenimiento. Acá sólo me referiré a lo más elemental. Como se ha dicho, Santillana es un esposo celoso, que está adscrito al género del viejo malcasado con una joven y bella doncella que sufre de sus excesivos celos. Estos tópicos ya los recoge Cristóbal de Castillejo (1490 – 1550) en su Sermón de amores y en su Diálogo de mujeres. Mucho más cercano, Miguel de Cervantes (1547 – 1616) refiere en numerosas obras este tipo de maridos, pero es particular el uso que hace del tópico en el Celoso extremeño, en sus Novelas ejemplares (1613). Así, el ingenio de Hipólita intenta remediar dos asuntos: ganarse la joya y hacer escarmentar a su marido celoso. Víctima, como constante, de la ayuda de un familiar, su hermano, sacerdote de oficio le ayuda a trasladar a Santillana, dormido y narcotizado a una celda de un monasterio. Ahí se le hace creer que es un fraile de 15 años que ha enloquecido y que en los últimos meses cree estar casado. Disciplinado con azotes, Santillana ve pasar a su amada esposa, quien le desconoce. Una vez dormido, Santillana despierta a lado de su esposa, arrepentido de su conducta y le promete no volver a castigarla con sus celos.

La obra termina de manera equitativa: el Conde, quien extravió la joya, les da trecientos escudos a cada una, resaltando el ingenio y gran humor con el cual ha visto la burla de los tres maridos.

Clara exponente de la virtud que modera el exceso de las diversiones y entretenimientos, la obra de Tirso de Molina hace magistral muestra de la jocosidad alcanzada con elementos aristocráticos, urbanos e inofensivos. La eutrapelia es el discurso que mantiene la novela, y en el cual se proyecta ese juego inocente a través del cual se suele tener una mediana didáctica con los personajes de la novela. Consiente de los peligros de las comedias y los excesos en los que podían caer, Tirso de Molina hace un manejo sublime del matrimonio con la burla y la fiesta. El ingenio de Tirso está en su prosa reflexiva y jocosa, conjugando dos elementos que, en ocasiones parecen irreconciliables: el humor y lo ingenioso de hacer reír sin caer en lo vulgar y la deshonra del burlado.

Alejandro Loeza

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