La experiencia en tres palabras: “El amor, las mujeres y la vida” de Mario Benedetti

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Mario Benedetti (1920 – 2009) aquel uruguayo de noble extirpe (presume francés) nos dejó en numerosas obras lo que la vida es, y con lo que no se deja de mirar, de observar, de conjugar. Influenciado por la lectura del filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788 – 1860), Benedetti reune en El amor, las mujeres y la vida una respuesta a la obra del germano El amor, las mujeres y la muerte, y tanto así que lo parafrasea: “El amor es la compensación de la muerte; su correlativo esencial”. Acá dejo algunos fragmentos de ese maravilloso libro que puede ser “El amor, las mujeres y la vida” de un uruguayo lúcido y cabal.

Corazón coraza (fragmento)

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porquete escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
Cuerpo docente (fragmento)

Bien sabía él que la iba a echar de menos
pero no hasta qué punto iba a sentirse deshabitado
no ya como un veterano de la nostalgia
sino como un mero aprendiz de la soledad

Bodas de perla (fragmento)

Después de todo qué complicado es el amor breve
y en cambio qué sencillo el largo amor
digamos que éste no precisa barricadas
contra el tiempo ni contra el destiempo
ni se enreda en fervores a plazo fijo

el amor breve aun en quellos tramos
en que ignora su proverbial urgencia
siempre guardaba o esconde o disimula
semiadioses que anuncian la invasión del olvido
en cambio el largo amor no tiene cismas
ni soluciones de continuidad
más bien continuidad de soluciones

fue allá por marzo del cuarenta y seis
meses después que daddy truman
conmovido generoso sensible expeditivo
convirtiera a hiroshima en ciudad cadáver
en inmóvil guiñapo en no ciudad

Once

Ningún padre de la iglesia
ha sabido explicar
por qué no existe
un mandamiento once
que ordene a la mujer
no codiciar al hombre
de su prójima.

Alejandro Loeza

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