Antona García

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La comedia Antona García está enmarcada en un tema de índole histórico y nacional, que sería un tema pocas veces tratado por Tirso de Molino en sus obras, al menos, como eje temático principal.  La obra de poco más de tres mil versos es de la calidad barroca que Tirso suele presentar no sólo para desarrollar el tema principal, sino también otros paralelos que, en este específico caso, incluye la crítica a poetas de la época, como lo son Lope de Vega y Antonio Hurtado de Mendoza, la condición de la mujer, la nobleza, los plebeyos, etc. Contenida en la Cuarta parte de comedias, su redacción cree Eva Galar que de ninguna manera podría ser anterior a 1625, por el contexto de la crítica que podemos observar en la mencionada pieza teatral. En esta breve reseña no me ocuparé de la fidelidad de la obra con la historia de Antona García: de ello la misma Galar da noticias en su excelente edición crítica. Sin embargo, vale la pena mencionar que en el estudio de Galar, se nos presentan tres fuentes históricas: Fernando Pulgar, Alonso de Palencia y Jerónimo de Zurita. De las noticias textuales del mismo, se toma por buena la edición príncipe de 1635 contenida en la anteriormente mencionada Cuarta parte de las comedias del maestro Tirso de Molina.

El primer acto de la comedia abre con el diálogo que mantiene la reina Isabel la Católica con sus generales, poniéndonos en el contexto de la guerra con Portugal y los problemas de sucesión que, a la muerte de Enrique IV, dejó entre su hija Juana, casada con Alfonso V  e Isabel la Católica, hermana del rey y casada con Fernando de Aragón. Los primeros discursos de la Reina enuncian la obligación de una nobleza honrada para con sus  reyes, quienes se suelen cegar por “la pasión y el interés” (vv. 35-36). El lugar a disputar es Toros de Guisando lugar desde el cual Juan de Ulloa y su esposa María Sarmiento reúnen a los nobles en contra de los reyes católicos para ofrecer al rey lusitano la posibilidad de invadir Castilla, desde Zamora. Bajo esta situación la reina reúne a sus los nobles que “valientes se les oponen, resistiéndolos hidalgos. Dios ampara mi justicia ricos hombres no temamos, la verdad al cabo vence” (vv. 83 – 88) Bajo este principio y el lema de lealtad y servicio reclama el comportamiento que los aristócratas deben tener para con sus reyes. En estos discursos se entretienen la reina Isabel, Antonio y el Márquez mientras escuchan una fiesta a la cual se aproximan, no sin antes advertir la reina a estos dos que el honor de los nobles está en el honor de sus sirvientes y vasallos. Una vez en la fiesta la reina y sus acompañantes se enteran que se casa Antona García, de quien se dan noticia:

Antonio: Pues es la novia milagro
de las riberas del Duero
y hay della sucesos raros.
Asombra con la hermosura
a cuantos la ven
y tanto
que de Toro y de Zamora
generosos mayorazgos
se tuvieran por felices
de que, dándola la mano,
disculpara su belleza
algún ribete villano  (vv.  170 – 180)

Se destaca la fuerza, el valor y las hazañas que la moza logra en competencia con los hombres.  Tirso apropia la lengua sayagués en voz de Bartolo (gracioso en la obra) y los personajes rústicos que se desenvuelven en una serie de fiestas y cantos populares que contextualizan el entorno castellano. Casada con Juan de Monroy, Antona externa el devoto fervor de nobleza hacia la reina, y esta también le muestra su gratitud:

Reina:  Y yo Antona, agradecida
al amor que me mostráis;
con sencillas muestras dais
señales de bien nacida. (vv. 291 – 294)

Y le recuerda que
No os preciéis de pelear,
que el honor de la mujer
consiste en obedecer
como el del hombre en mandar.  (vv. 371 – 374)

Posteriormente, la reina se va y Bartolo confiesa su amor a Carrasco, a quien le cuenta el amor que este siente por Gila en metáfora de gatos y a forma paródica y graciosa del amor cortés. En ese momento entra en escena Penamacor, noble portugués que apoya a Alfonso V y aliado de Juan de Ulloa, aristócrata que desde la propia ciudad de Toro apoya el levantamiento contra los reyes católicos. Salida a escena Antona, Penamacor se enamora rápidamente de la doncella y esta responde a su insistente amor:

Penamacor:   ¿Dueño tenéis?
Antona:          Y marido.
Penamacor:   ¡Ay, cielos!
Antona:          Con esto atajo
principios que amor ignora (vv. 701 – 703)

Posteriormente, Antona descubre que Penamacor es portugués y que apoya a Alfonso V, con lo cual le advierte que debe mudar de bando. La entrada de los portugueses y los caballeros cierra el primer acto.

El segundo acto abre con el discurso de Juan de Ulloa, quien proclama el gobierno de Juana y Alfonso V, apoyado por los nobles pero rechazados por los labradores. El pueblo reniega del gobierno de los portugueses, mientras que Antona encabeza ese grueso popular que apoya a los reyes católicos:

¿Quien ha de reinar, cobarde
si Fernando y Isabel?
¡Soltad el pendón, que en él
hará mi lealtad alarde!
Infame interés aguarde
quien de sus promesas fía,
que si vuestra villanía
avarienta se rindió
al oro, no al menos yo,
que soy Antona García (vv. 1152 – 1161)

Así, Antona se mantiene fiel a los reyes católicos y esa fidelidad le cuesta la cárcel, ya que organiza una revuelta basándose en el honor por encima de otros valores. Por su parte, los caballeros ordenan la captura de Antona y Penamacor se ve enfrentado al amor que siente por Antona y el deber que le mandan sus déspotas gobernantes. Al final, Penamacor ve como es encerrada la mujer que le gusta y tras una serie de razonamientos que le llevan a determinar que la obediencia del noble está obligada a los reyes justos. Por su parte Bartolo lleva las noticias a la reina y su corte, a quienes les cuenta que Antona ha muerto, lamentándose la soberana de no poder acudir a reclamar la vida de su noble sirvienta. En la cárcel, Penamacor informa a Antona que su esposo, Juan de Monroy, ha muerto en la revuelta:

Penamacor:   Juan de Monroy
murió; la pena que os doy,
aunque en favor de mi suerte,
me llega hasta el corazón.

Antona:   Si murió, venturoso él,
pues como vasallo fiel
dio a su rey satisfacción.
De que era, en fin, dueño mío,
no le imagino llorar (vv. 1653 – 1661)

De esta forma, una serie de diálogos sobre el valor y la fidelidad con respecto a los reyes, se desarrollan cuando María Sarmiento intenta convencer a Penamacor de matar a Antona, a lo cual se niega y la labradora amenaza a María de Sarmiento, justo cuando se da la alarma de fuego y el noble portugués permite que la plebeya huya.

El tercer y último acto abre con Antona en una venta, en la cual se dan lugar una serie de personajes que discuten, entre otras cosas, las estructuras literarias de la época, oficios y política. Durante la discusión uno de los personajes que ahí aparecen, con el nombre de Castellano 7, enuncia una crítica a Lope de Vega al decir:

Pues véndese agora tanta
envidia a ingenios diversos
que hay hombre que haciendo versos
a los demás se adelanta,
y aunque más fama le den,
es tal, la verdad os digo,
que quita el habla a su amigo
cada vez que escribe bien. (vv. 2130 – 2136)

Por su parte, los portugueses hacen uso de una crítica a la mujer, Antona, que intenta hacer lo que el hombre y que esto además de “gran locura” termina pareciendo el mundo al revés, tópico áureo de gran riqueza. En esta misma escena, Antona golpea a unos portugueses humillándolos y echándolos de la venta. Después de esto, Antona entra en labor de parto. En este momento aparece Penamacor, quien es preso de Velasco y Padilla, y la plebeya pide que sea liberado apelando a la amistad y favor que goza por parte de Isabel la Católica. Antona termina pariendo dos niñas de quienes destaca la necesidad de hacerlas fuertes desde la primera infancia y también esgrime una pequeña crítica a las ventas, lugar que le parece peligroso para que se crie un recién nacido.  En este apartado el noble portugués cuenta la victoria de Zamora que los reyes católicos han obtenido. Por su parte Antona promete a  Penamacor matrimonio con el noble portugués al final de la guerra con una sola condición: “Que vos paráis los hijos y yo las hijas” (vv. 2748 – 2749). Asombrados todos ante el valor y fortaleza de la mujer, Antona decide ir a la guerra y recuperar Toros. Y ya en el campo de batalla, el propio rey Fernando reconoce esa valentía y gallardía como propia:

Antona.   Que has dicho
verbos por aquesa boca.
Tenganme allá este envoltijo,
que yo he de ser la primera
que pase el Duero.

Fernando.   Este es brío
de española. (vv. 3031 – 3035)

La contienda final se da en Toros, donde Bartolo y Antona logran colarse al interior de sus muros para abrir las puertas de la fortaleza y así permitir la entrada del ejército castellano. Esta escena final es un asedio que se ve interrumpido por la misma Antona, quien en los últimos diálogos promete una segunda parte.

La comedia escrita por el mercedario contiene una gran riqueza temática que permite abordar distintos análisis de la profundidad crítica que Tirso de Molina elaboró con respecto a los mundos que estableció con distintos tópicos. No hay duda de que uno de los más importantes es la relación que los plebeyos guardan con el poder político y el orden a partir de distintos preceptos sobre el rey justo e injusto. Lo cierto es que si alguna crítica al poder encontramos, esta radica en la desobediencia y deslealtad de los nobles, en este caso. También podemos retomar un tema del que Tirso de Molina no pocas veces hizo mano para sus comedias: la mujer. En este caso relacionado con el rol que debe mantener en el Estado y en la guerra. La comicidad en esta obra está arraigada a los choques lingüísticos y a los enredos que tienen lugar por la forma de habla culta de los nobles encontrada con la de los extractos bajos del pueblo. De esta forma estamos ante una comedia que muestra una diversidad temática que no solo busca establecer una serie de valores en la construcción del Estado moderno español, sino que también trata temas que serían parte del contexto específico del siglo XVII: la mujer, la identidad, la justicia, el valor y la fidelidad a los principios, lo mismo de un noble que los del plebeyo.

 

Alejandro Loeza

 

 

 

 

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