Doña Beatriz de Silva

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Otra comedia con nombre propio que Tirso de Molina utiliza para incursionar en temas políticos, aunque en esta ocasión con la particularidad del modelo hagiográfico con el cual esgrime una serie de temas, tópicos e ideas que el mercedario va montando en cada escena de esta magnífica obra. La selección del tema de esta obra hace pensar en un genuino interés del clérigo en los temas que intentaban explicar los vínculos de poder entre subditos, nobleza, monarquía y el poder divino. Por ende la obra se centra en la autoridad y las obligaciones que los sirvientes tienen con sus respectivos señores y los límites de las pasiones de estos. Se cree que la obra fue escrita entre 1617 y 1621; está contenida en la Cuarta parte de comedias de 1635, su contenido está repartido en tres actos y cuenta con poco más de tres mil versos de distinta métrica. La obra se desenvuelve, tematicamente, en la España de finales del siglo XV, donde los personajes principales son, además de la mencionada Beatriz de Silva, el rey Juan II e Isabel de Portugal. Curiosamente, y al igual que en la comedia Mujer que manda en casa, el personaje “principal” de Doña Beatriz de Silva, no cobra importancia sino ya muy avanzada la obra y como medio de un fin específico: ejemplificar el poder excesivo/moderado que es regulado, sin lugar a dudas por la presencia divina.

El primer acto nos revela a los personajes de la comedia, pero focaliza los motivos amorosos de don Juan por Leonor, ambos nobles en la corte. En este medio, el del palacio y el mundo cortesano, se desenvuelve una serie de intrigas, celos y disgustos ligados con la atmosfera del palacio, siempre presente en la literatura áurea. La obra abre con el anuncio de la boda entre Isabel, reina de Castilla y el rey don Juan II; a su alrededor se da el amor entre Leonor y don Juan: la primera prometida en matrimonio con Federico III de Alemania y el segundo hermano de Beatriz de Silva. En medio de las lauratorias y festejos, don Juan reciente el festejo en el contexto de sus tristezas románticas:

Vuestras galas son mi luto,
vuestras fiestas mi pesar,
vuestras bodas mis obsequias;
sin Leonor no vivo ya (vv. 33- 36)

La acción de estos versos se suceden en el palacio donde don Juan tiene por interlocutor a don Fernando, amigo que escucha su mal amoroso por la Infanta, próxima a ser entregada en matrimonio al emperador germano. Llama la atención la descripción que don Juan hace del medio en el que se enamora: desde pequeño el noble conoce a Leonor y su afecto crece hasta transformarse en amor. Don Fernando recomienda a su amigo diciéndole: “Los imposibles don Juan, / cuando es discreto el amante, / redimen la libertad.” (vv. 214 – 216) Mientras tanto aparece en escena Beatriz de Silva y los nobles que le acompañan quienes dan noticias del complejo mapa político entre Portugal y España. El gracioso en esta comedia, Melgar, tiene más pinta de bufón que otros graciosos en las obras de Tirso donde la gracia que provocan reside en sus discursos. Al final, Fernando recomienda a Juan no luchar contra la voluntad de Federico III y Juan apela al amor sagrado como poder que revierte voluntades en temas amorosos. Por su parte Girón le presenta al rey don Juan II un par de pinturas en las que destaca la belleza de Beatriz de Silva, de quien el rey queda fascinado; la reina Isabel nota dicho gusto y siente celos del interes que despierta la cortesana en el regente. De esta forma concluye el primer acto, cargado de acciones y aglomerando una serie de temas que de momento, son más bien de caracter profano.

El segundo acto abre con el diálogo entre Beatriz e Inés, quienes tratan varias noticias sobre la realeza hasta que Girón les interrumpe para intentar advertir a Beatriz de los apetitos del rey. Sin embargo, una vez en escena, el rey mismo es quien demuestra sus apetitos por la joven:  “Yo os adoro, Silva bella; / fácil en el alma entrastes” (vv. 1234 – 1235). Inés, espantada de oir el amor que le profesa el rey a la hermana de don Juan, le indaga sobre su sed y advierte, ligeramente, del peligro de sus amorios. Sin esconder sus sentimientos, el rey los presume delante de la reina Isabel, quien naturalmente cae en la trampa de los celos. Ausente el rey, la reina llora en compañía de Inés y le confiesa que:

De mi amor, como fuego es,
sube el humo a la cabeza.
Celos en casos de amar
son humo que causa enojos,
y con el humo a los ojos
claro está que he de llorar. (vv. 1656 – 1661)

En este punto, la reina se encuentra con Beatriz y comienza a atacarla con acusaciones de seducción al monarca, las cuales Beatriz desconoce y se espanta. Isabel deja claro que su intención es que Beatriz muera y esta no se resiste pues antes se siente obligada para con su soberana y todas las órdenes que esta le dicte. De esta forma Beatriz es encerrada en un armario con intención de que se asfixie y muera de forma dolorosa. Por su parte doña Leonor desengaña a don Juan sobre el amor que segun el cree que ella le profesa en secreto. El acto termina con Juan anunciando su desengaño y la importancia de no dejarse cegar por el amor cortes.

El tercer y último acto abre con un elemento sobrenatural, ya de paso algo poco usual en las obras de Tirso de Molina. Inusual, no sólo por la acción que pide ser representada sino por el mecanismo escénico que exige: la escena comienza con Beatriz encerrada y una niña (que representa a Nuestra señora) que le habla desde arriba. En este diálogo se descubre la poderosa devoción de Beatriz y le es encomendada su misión como redentora de los pecados y fundadora de lo que será la orden de las Inmaculadas:

Pues vuélvete a tu prisión
que presto, Beatriz querida,
saldrá de Sodoma Lot.
Toledo te está esperando,
que si en su iglesia mayor
bajé a vestir a Idefonso
(de mi honra defensión)
en ella quiero que fundes
una Orden de tal valor,
que mi concepción defienda
y ilustre su devoción (vv. 2244 – 2254)

En otra escena el rey busca a Beatriz y los cercanos a él se debaten entre delatar a la reina y traicionar su secreto o cumplir con su obligación con el rey.  Confesado el paradero de Beatriz, la corte acude al armario en la que, suponen, yace muerta:

Isabel.       Beatriz, ¿estás viva?
Beatriz.                                             Estoy
de mi inocencia amparada,
del cielo patrocinada,
a cuya alba gracias doy,
que contra reales enojos
tan seguro amparo envía. (vv. 2418 – 2423)

Explicado el milagro, Beatriz inmediatamente busca el apoyo de los soberanos, quienes inmediatamente se disculpan con la nueva santa que ahora será apoyada en su intención de fundar la Orden que le ha sido encargada. En una carta que envía Beatriz a los monarcas explica su retiro a la vida eclesiástica y advierte de los peligros del palacio de los cuales “resucitó al tercer día”. Así, la voluntad de Dios rige la voluntad de los soberanos y Beatriz es el instrumento de este hecho vivificado:

Beatriz.     Melgar, si Dios gusta desto,
su voluntad es la mía.
La vida le doy gozosa
como con ella se sirva. (vv. 2820 – 2823)

Haciendo caso del mandato divino, el rey don Juan II permite la reclusión de Beatriz en Toledo y aprende la lección que indica la importancia de regir con un gobierno que, junto con la devoción, va en la misma dirección.  En las últimas lineas se promete una segunda parte, que Tirso de Molina, muy probablemente, nunca escribió.

Advierte Manuel Tudela en su excelente edición de esta obra, que es indispensable observar el contexto de la controversia entre maculistas e inmaculistas en el cual muy probablemente fue gestada esta obra (alrededor de 1618)  y la relevancia que el teatro tuvo en la inserción de estos temas en la sociedad del siglo XVII.  La obra que nos ocupa es curiosa en ese ensamblaje me mantiene, entre los primeros dos actos y el último, donde el tema parece ser propio de una comedia de enredo o palacio, pero de ninguna forma se puede predecir el devenir sobrenatural-maravilloso con el cual se inicia el tercer acto. También los celos entre la reina y su súbdita causa interés, pues el tema, si bien puede que Tirso lo tomase con licencia poética, no queda duda de que algo de ello podría tener referencialidades con la forma en la cual la corte y la vida en palacio intrigaba y diseñaba planes para recibir el favor del rey. El vehículo de esta comedia está en los equívocos que mantienen el ritmo de la acción en el manejo de las intrigas. Tudela también afirma, de forma muy clarificadora, como funcionan las dos tramas, una alrededor de la otra: por una parte los romances en la corte y por otro el devenir devoto y clerical de Beatriz de Silva. Ambos temas al final tienen un lazo inseparable que es, sin lugar a dudas, el establecimiento jerárquico de las órdenes de poder, que mesuran (al menos en la comedia) las pasiones humanas, ya sean reales, nobles o plebeyas. Es el amor el cual se ve revocado por el proceso místico y religioso de Beatriz, alcanzando grandes cotas en el último acto. De esta forma, Tirso de Molina expone un orden de autoridad que está condicionado por la estructura de la comedia, dando como resultado una “pincelada” de la corta, la vida en palacio y lo complejo que era aquella convivencia con los más poderosos que solo la intervención divina, podía moderar las pasiones más humanas de los gobernantes divinos.

Alejandro Loeza

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