El colmenero divino

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La versatilidad genérica de Tirso de Molina es palpable no sólo en los numerosos elementos dramáticos utilizados en sus obras, sino en las mixturas temáticas y estructurales que en ella se conjugan. Dentro de la novela miscelánea Deleitar aprovechando (1635), podemos encontrar dicha versatilidad al combinar elementos como la narrativa, la poesía y el auto sacramental, entre otros. Dentro de estas obras encontramos tres autos sacramentales: El colmenero divino, Los hermanos parecidos y No le arriendo la ganancia. En el estudio introductorio a esta obra, Ignacio Arellano afirma que si bien estos autos sacramentales no representan la mayor aportación dentro del género, son interesantes y complejas nos solo en los profundos simbolismos manejados por Tirso de Molina, sino por representar un eslabón en el propio género, que alcanzaría su más acabada forma en los autos sacramentales de Pedro Calderón de la Barca.

Como parte del auto sacramental El colmenero divino en la canción previa a la obra se compone una obra de principio teológico de relativa sencilla lectura, ya que se casa Cristóbal Salvador con Olalla de la Igreja quien es hija de Pedro Pastor. Por su parte, la loa que sucede a esta canción es compleja y de gran riqueza simbólica: «La loa de El colmenero divino es una pieza compleja de gran interés. No se trata de una loa puramente introductoria, sino que una especie de movimiento musical en tono menor por su extensión y estructura, pero que avanza en una clave más abstracta el mensaje del auto» (p. 17). En esta loa se expone el trema de la creación del mundo que avanza hasta la muerte de Cristo, es decir, un condensado de la historia de los fundamentos teológicos del catolicismo. Ciertamente, es magistral la forma en que Tirso logra agrupar dichos principios en treinta y seis versos.

En la primera escena de este auto sacramental, la alegoría Placer, se encuentra con el Verbo Eterno y se regocija de ello, previa mención de la condenación que el Pecado supone para el hombre, a quien aleja de la gracia de Dios:

Placer.              Más de cinco mil años
que no permite que esté
el primer hombre en el mundo (vv. 9 – 11)

Posteriormente, los discursos del Placer dan píe a explicar como el Verbo es deseado y remite a lo narrado en el Génesis, entre lo que se encuentra los trabajos del hombre como castigo por el pecado original y las lágrimas amargas. El Colmenero aparece como metáfora del paraíso perdido y se refiere a la batalla contra la rebeldía de Satanás. Los discursos entre Colmenero y Placer están regidos por el simbolismo que refiere a Dios como monarca/rey. Sin embargo, elementos polisémicos le dan otra connotación a Colmenero, ya que asume el rol de la creación, en una alegoría que constantemente cita pasajes y personajes del Antiguo testamento:

Colmenero.     Vengo acá a buscar quehacer,
porque allá todo es holgar.
Como Jacob serviré
al Labán de aqueste mundo
por Lía, que es mi interés. (vv. 118 – 122)
[…]

Pastor soy;
viñas y árboles planté,
huertos cultivo cerrados.

Placer               Muchos oficios tenés. (vv. 125- 128)

El Placer advierte al Colmenero de la presencia del Oso infernal quien «Es un Locifer» (vv. 144), ante cuya presencia, el Colmenero no se inmuta y en cambio aconseja a la Abeja sobre como evitar el mal del Oso, quien a su vez se remitirá como la figura de Behemot contenida en Job 41, 25. Entre los discursos que Colmenero tiene con Abeja, encontramos discursos de carga teológica que remiten al Nuevo testamento y que se centran en las formas en las que se debe evadir la tentación del Oso: «Contemplaciones y oraciones santas / las plumas son con que de ti te alejas / y a los jardines de mi patria acudes: / labra panales, pues te doy virtudes» (vv. 295 – 299). Más adelante, el Oso asume y reclama los colmeneros buenos para ser destruidos, y propone la soberbia como manera de rebelión contra Dios, haciendo así competencia y guerra en el cielo, destruyendo lo bueno que hay en las abejas y en su laboriosidad. Abeja asume una alegoría más cercana al alma, y junto con el cuerpo debaten la tentación que se da entre el interés carnal de Cuerpo y la resistencia laboriosa de Abeja. A la mitad del auto sacramental se da un debate entre el Cuerpo, el Alma, el Placer, el Mundo y la tentación. Placer y Cuerpo logran que Alma caiga en pecado y el Oso aparece para reclamar su nueva adquisición, teniendo por cómplice al adormecimiento del Cuerpo y a la ausencia de la razón y el Alma.

La Abeja se lamenta de su caída en pecado: «La tristeza me contrasta, / aflígeme un miedo vil» (vv. 666-667) y el Cuerpo le invita a gozar del  Mundo, quien le llama. La Abeja clama por la salvación y volver al colmenero, a lo que el Placer le comunica de una miel que sana el pecado, cuyo divino «Labrador» curará el dolor del pecado, en directa alusión a la comunión. El Colmenero salva a la Abeja, no sin antes reclamarle:

Colmenero.     Despreciaste mi temor
y el Oso infernal y ciego
puso a tus colmenas fuego,
mas téngote tanto amor
que, pues vuelves, no hago cuenta
de que me hayas ofendido.
Daréte, pues has venido,
pan y miel, que estás hambrienta (vv. 820 – 828)

Así, la Abeja reivindica el pecado y acepta la miel del Colmenero, aunque el Placer cree que el Colmenero ofrece más satisfacción de la soportable: «Toda esa miel empalaga» (v. 904). La Abeja llora por la caída en el Pecado y con ello la salvación está garantizada. Al final, la eucaristía reivindica los pecados y con ello se cierra el circuito de la pérdida del paraíso- sufrimiento por el pecado – reivindicación y salvación del hombre por medio de Jesucristo. El Cuerpo ve caer al Mundo y morir al Oso, hasta que se duerme en el Placer. El auto sacramental cierra con el siguiente diálogo que hace énfasis en la salvación a través de la comunión:

Abeja.                          ¡Ay, Colmenero sagrado,
lo que en serviros me alegro!
Vuestra gracia y mesa franca
ha de eternizar mi vida.

Colmenero.     Denle a mi Abeja querida
de mi Gracia pluma blanca,
que mi cuerpo darle quiero
en la miel del pan suave. (vv. 1050 – 1057)

Aunque la crítica entorno a los autos sacramentales de Tirso de Molina no suele ser favorable, una lectura a profundidad descubre elementos que al matizarse dejan entrever una compleja estructuración que supera el menosprecio de algunos críticos como Wardropper, Mariscal de Gante, González Ruiz, etc. Como señala el estudio de Arellano, no debemos dejar de mirar la presencia de la tradición bíblica en la que se fundamenta esta obra, con respecto a la abeja y el colmenero. Si acaso, la lectura se ve complejizada por el estilo del mismo Tirso de Molina, pero no le convierte en un auto sacramental fallido, pues la pieza tiene congruencia entre sus partes y además demuestra relativa versatilidad en los diálogos del propio auto sacramental. Encontraremos en este auto sacramental características propias de la obra de Tirso de Molina, como lo es la presencia de elementos rústicos y religiosos, llevados de la mano de la presencia de un gracioso, que en este caso es el Placer. Por ende, las dinámicas de los diálogos construyen un auto sacramental en el cual podemos observar la conjunción de drama y principios teológicos que muestran un claro interés por la enseñanza doctrinal que Tirso de Molina consolida en su teatro.

Tirso de Molina, Obras completas. Autos sacramentales I. El colmenero divino, Los hermanos parecidos, No le arriendo la ganancia, ed. I. Arellano, B. Oteiza, M. Zugasti, Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1998.

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