No le arriendo la ganancia

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Auto sacramental que está en el Deleitar aprovechando y, que por el tema, los motivos, diálogos y personajes, es el más desapegado al género del auto sacramental como tal: los motivos teológicos y el dogma de fe están presentes de forma mínima en esta obra de poco más de mil trecientos versos. Como indica Arellano, a través del estudio de J. Gutiérrez, la calidad de auto sacramental de esta obra está dada por las piezas preliminares, donde se desarrollan los temas y las claves en las cuales se encuentra en el auto sacramental mismo.  Lo cierto es que esta obra es de «escasa sacramentalidad eucarística». Este auto sacramental mantiene la estructura de tres piezas preliminares que anticipan el tema sacramental antes de ser desarrollado en el propio auto sacramental, aunque, como veremos, no es exactamente este el caso de los otros autos sacramentales del Deleitar aprovechando: El colmenero divino y Los hermanos parecidos. La métrica de esta obra está constituida en la primera canción por romance, la loa en octavas reales y la segunda canción por aconsonantada de estructura irregular; por su parte, el auto sacramental está formado por quintillas, romancillo hexasílabo, octavas reales y redondillas, principalmente.

Entre las piezas preliminares encontramos una letra cantada por músicos, con el tema del hombre que camina por el mundo en busca de Montalto, en directa alusión con el cielo o paraíso. En esta pieza, están claramente demarcados los tres momentos claves de la búsqueda del hombre por Dios: la pérdida del paraíso, la búsqueda del consuelo espiritual y la reconciliación con Dios a través de la eucaristía: «Mi pena, cuidad, / pongo en el olvido, / y al llegar a la mesa / del pan divino / los pesares del alma / se me han perdido» (vv. 41 – 46).

La loa hará mención al locus amoenus a través de referencias mitológicas como Narciso, Flora y Maya. Esta pieza es una descripción barroca del paisaje que el paraíso ofrece al espectador contemplativo y las características que se fusionan con la estética mitológica que en la obra de Tirso de Molina es bastante amplia: «Flores y árboles margenan / sus cristales, como libros, / cuyas plumas son sus ramos / que tanto anal han escrito» (vv. 45- 49). Los últimos versos de esta pieza comparan a Cristo y el Sacramento con diferentes tipos de libros, para culminar con la mención de la eucaristía y la adoración eterna. Una tercera pieza preliminar está estructurada en villancico y se compone de veinte versos que destacan la importancia de seguir a Dios como objeto y meta de la vida terrenal: «No en vano el alma se asombra / cuando os va a gozar, mi Dios, / de ver que siendo el sol vos / se pone el sol a la sombra» (vv. 17 – 20).

Por su parte, el auto sacramental trata como el personaje principal, Honor, quien vive en una aldea, desea integrarse a la vida de la corte. Abre la escena Escarmiento, quien explica el lugar del que proviene el Honor, quien tiene por hermano a Acuerdo y por padre al Entendimiento. Escarmiento advierte la importancia de escarmentar a través del error. A Honor lo llama presuntuoso y loco, mientras que a su hermano Acuerdo lo llama apacible y cuerdo. Entonces, Honor declara su interés por la corte:

Honor.            El Honor no está sujeto
a nadie: ese intento es vano.
Vivir en la corte quiero,
que no hay Honor con sayal
ni Fama en traje grosero. (vv. 99 – 103)

Tanto Acuerdo como Escarmiento intentan hacerle ver a Honor de los peligros de la corte, por su particular característica de estar en la ciudad, lugar fundado por los tiranos y pecadores, particularmente mencionando a Caín, mientras que Acuerdo destaca que los pastores y labradores fueron los primeros padres de la humanidad, y sentencia: «Trocad ovejas y bueyes / por aduladoras leyes, / que en sus vanos ejercicios /hallaréis que son los vicios / monarcas todos y reyes» (vv. 166 – 170). Ya en diálogo con Acuerdo, Honor le confiesa a su hermano el profundo amor que siente por Mudanza, su esposa, de quien se advierte tiene «un galán cada hora» mientras que Honor reconoce que ella le tiene hechizado. Las advertencias no cesan, en alusión a la corte y el poder: «Si a la corte vais, Honor, / no os arriendo la ganancia» le dice Acuerdo.

Aparecen en escena Recelo, quien es un gracioso rústico y el Poder, quien inmediatamente se deja aconsejar por Honor. Honor le explica a Poder la marginación que sufre en la aldea (a la cual nombra como Sosiego) a lo cual Poder le ofrece que se le una en la corte:

Poder.              ¿quieres venirte conmigo
a la corte?

Honor.            ¿Sois amigo
del rey?

Poder.              Su privanza soy (vv. 426 – 428)

De esta manera, el Poder le confiere el favor y la confianza en la corte a Honor quien feliz abandona la aldea rumbo a la corte. A su llegada a la corte se presentarán extensos diálogos entre los que conforman este ámbito: Quietud, Recelo, Interés, Envidia, Desabrimiento, etc. Naturalmente, a la corte llega Honor acompañado de su hermano Acuerdo y su amada Mudanza, de quien pronto se comienza a hablar en las salas de la corte. Acuerdo inmediatamente advierte de la mala fortuna que su hermano pronto correrá y de la suerte que le espera en ese ambiente lleno de tan nefastas alegorías. El Poder se insinúa amorosamente a Mudanza, y enamorado de esta le pide que mate a su esposo, en un diálogo explícito sobre los excesos del poder en la corte:

Poder.              Donde hay Poder
poca falta el Honor hace;
dadme licencia que trace
cómo nos podamos ver,
porque sin esta esperanza
mi muerte habéis de llorar. (vv. 730 – 735)

Al entrar Honor y ver las intenciones de Poder sobre su esposa Mudanza, este inmediatamente enloquece de afección melancólica, ya que su deshonor es inmediatamente conocido en todas partes y el Honor queda humillado ante el Poder. Las alegorías nuevamente entran en escena para hablar sobre lo ocurrido y consideran que la Ignorancia, es el mejor médico para la salud, pues al conocer el amor que Poder siente por Mudanza, Honor pierde la cordura, es decir, la salud. Sin embargo, los discursos y reclamos de Honor están llenos de una ira que se transforma en sentencias en contra del Poder y sus excesos: «¡Ah, Poder tirano en todo! / ¿Qué no derribas y ultrajas? / ¿Qué no postras? /¿Qué no pisas?» (vv. 1086 – 1088). De esta manera, el Honor regresa a su aldea y decide quitarse la vida, despeñándose, lo cual Acuerdo evita haciéndole reflexionar sobre sus acciones e invitándole a su propia boda con Quietud, donde Sabiduría le ofrece a Honor reivindicar sus pecados en el banquete del Cordero: «Este es el Cordero, Honor / que a pesar de la honra falsa / del poder del mundo loco / asegura estima y fama: / si es honra el ser rey, aquí / reina siendo Dios por gracia» (vv. 1307 – 1312). Y de esta manera el Honor encuentra paz en la Sabiduría, quien le ofrece la eucaristía que justifica la clasificación de auto sacramental de esta obra, en los últimos treinta y cuatro versos.

Como se puede observar, el auto sacramental está escrito en clave crítica al poder, advirtiendo sobre todo los peligros de la privanza y los peligros de la corte. Este auto sacramental emula los temas tratados en Privar contra su honra, donde Tirso de Molina ya explora estos temas, pero me atrevo a pensar que de una manera menos dura, ya que en estas alegorías se apela al poder divino como única forma de redificar el honor dentro de la corte, mientras que en la comedia antes mencionada, es la razón del hombre la que modera los excesos del monarca. El tópico tratado en esta obra de la ciudad en contra de la aldea está llevado acabo de una forma muy elaborada, pues Honor encuentra el deshonor en la ciudad-corte y solo es restaurada en la aldea donde acude al banquete sacro. Este auto sacramental es interesante de destacar por el nivel de los diálogos, las acciones y la construcción de matices críticos alrededor de la corte. Lo interesante de esta obra radica en los elementos abiertos que Tirso de Molina deja en la obra, haciendo posible encontrar similitudes ya fuese con los privados, monarcas y la diversa y mutable corte de las primeras décadas del siglo XVII. El tema de la obra es el personaje principal, es decir, el Honor, quien debe estar bajo constante resguardo y el cual debe alejarse del Poder, tan propenso a desvirtuarlo y utilizarlo a su favor para alcanzar sus propósitos. Al final, la esencia de la obra se justifica en la advertencia de Acuerdo: el vicio y los tiranos conviven en y con el Poder. Nada ajeno nos cuenta Tirso de Molina en este interesante auto sacramental.

Alejandro Loeza

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