Palabras y plumas

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Tirso de Molina mantuvo líneas temáticas y estructurales que reflejan sus preferencias dramáticas con respecto al tratamiento reiterado de tópicos de la época. En la comedia palatina Palabras y Plumas, Tirso expone una serie de temas que se irán repitiendo en sus otras obras. Publicada dentro de la Primera parte de comedias, la pieza trata sobre el amor que el caballero español Iñigo de Ávalos siente por Matilde, dama noble que a su vez tiene sentimientos afectivos por Próspero, príncipe de Taranto. Todo esto se desarrolla en la corte del rey Fernando I, soberano napolitano que se enamora de la hermana de don Iñigo, Sirena. La obra está jocosamente acompañada de Gallardo, gracioso que sirve a don Iñigo y de quien, me atrevo a señalar, crea algunas de las comparaciones, expresiones y alusiones más graciosas de la obra de Tirso de Molina, y más aun si consideramos que el uso que se le da a Gallardo está dentro de los límites morales-corteses de la época. En la obra no están acotados los espacios, aunque deducimos que estos tienen lugar en casas de campo, palacios y cortes, lugares propias de cada uno de los personajes de esta obra.
El primer acto se abre con los diálogos que mantienen Matilde y Próspero, sobre los celos que siente este último con respecto al caballero español, don Iñigo quien se ha gastado gran parte de su hacienda en agasajar a la princesa de Salerno, es decir, la misma Matilde. Próspero demuestra en su discurso la liviandad de su amada a la vez que su discurso deja entrever sus celos e inseguridades sobre su amada:

Próspero. Terribles sois las mujeres,
pues a la sombra imitáis,
y como ella, cuando amáis,
leves del que os sigue huís,
al que os desprecia seguís,
al que os adora engañáis.
Si el alma a un español das,
¿por qué en mí su amor ensayas? (vv. 15-22)

Y más adelante expone el problema político que Matilde tiene con Rugero y la pobreza de don Iñigo, con cierta burla:

Próspero. Ya yo sé que en esta empresa
si fingiste amarme tanto
fue por verte de Taranto,
siendo mi esposa, princesa,
pues Salerno te confiesa
por tal, y perdió Rugero
por los libros lo que el acero
ganó impides que cobre.
Goza a don Íñigo, pobre,
español y lisonjero.
Entronícese en tu estado,
que la que es rica y se casa
con pobre lleva a su casa
en un marido un criado. (vv. 61- 74)

La discusión se sigue dando y Matilde destaca su impotencia ante la pretensión del noble español. Se acuerda al final de esta escena que Próspero participe en un torneo del juego de la sortija, para el cual le da una tela como prenda-insignia. Salen estos dos y entran el rey Fernando I y el depuesto rey de Salerno, Rugero. En un sospechoso uso de la palabra y manipulación, Rugero declina la oferta del rey de un condado en Celano, en compensación por su perdido reino e incita al rey a sospechar de una conspiración por parte de Matilde para derrocarle a él del gobierno de Nápoles, ya que esta es familiar del duque de Anjou. De esta forma el rey es convencido de que Rugero vaya a la casa de Matilde a buscar evidencias de la supuesta conspiración:

Rey. Mi comisión, conde, llevas.
Usa de mi autoridad,
su casa toda visita,
saca a la luz esta traición
que si a Salerno te quita,
presto con su posesión
tu fe y lealtad te acredita. (vv. 314-20)

Aparte, Rugero confiesa que el verdadero motivo no es sino desprestigiar a Matilde para apropiarse de sus tierras y favorecerse del conflicto políticos entre las familias nobles:

Rugero. Aparte. El estado que he perdido
hoy restaurar me prometo.
Con una carta fingida
a Salerno poseeré,
sin que otro pleito lo impida.

Rey. Siempre esta Matilde fue
arrogante y presumida. (vv. 324-30)

Por su parte el personaje principal, Iñigo, entra en escena, reclamando a Gallardo sobre la justa de sortijas que acaba de llevarse acabo, rememorando el gasto hecho en la fiesta y que Matilde, pese a su derroche, no entiende razones de amor. Aparece en escena Sirena, la hermana de don Iñigo, con quien platica los temas relativos al amor no correspondido del español por Matilde. En estos versos se explicita el profundo desgaste de las finanzas de este ante la aparente indiferencia de la princesa de Salerno. Aparece Próspero, quien recrimina a Iñigo el cortejo que mantiene con la princesa a la vez que le burla:

Próspero. ¿Vos competencia me hacéis,
pobre, extranjero y humilde? (vv. 690-91)

Don Iñigo. Próspero, tratad mejor
a quien os sufre discreto,
pues demás de que respeto
vuestra nobleza y valor,
reverencio a la princesa
en vos, porque sé que os ama. (vv. 700-5)

Cuando el enfrentamiento parece inminente, Sirena y Gallardo advierten que una barca, en la que tripula Matilde, naufraga cerca de la costa. Iñigo va en su auxilio, mientras que Próspero evade exponer su vida con tal de salvar a su amada, con un juego de palabras:

Próspero. Adórala, vive Dios,
mas no importa el ser amada,
que amor vuela, mas no nada. Vase

Gallardo. ¡Mas nonada para vos! (vv. 840-43)

Una vez salvada, Matilde se recupera en la quinta de don Iñigo, de la cual este se ausenta para no hacer mella en el honor de esta. Rugero se entera del accidente y se lamenta de que la princesa no perecieses, sin embargo, se pone en marcha otro plan en el cual Teodoro introducirá una falsa carta en la quinta de don Iñigo para culparle de traición al rey. Al final, Rugero prefiere quemar la casa para así acelerar el proceso de recuperación de sus tierras. Por la noche, Próspero entra en la habitación de Matilde, le recrimina la actitud del español y le amenaza con casarse con Laura, la hermana de Rugero. No queda claro si la consecuente actitud de Matilde es por temor a perder sus tierras, pero termina por disculparse con Próspero, justo en el momento en el que se declara el fuego. Una escena bastante jocosa-dinámica se da en este apartado de peligro, ya que Próspero intenta huir sin salvar a la gente que se encuentra en la casa y mucho menos a Matilde, quien incrédula ve por segunda vez como el caballero le abandona cobardemente:

Todos. ¡Que nos quemamos, mi Dios!

Matilde. Príncipe, ¿qué hemos de hacer?

Próspero. Por esta ventana quiero
saltar. (vv. 1191-94)

Nuevamente, es Iñigo quien rescata a Matilde y ella promete casarse con él, haciéndole soberano de Salerno.

El segundo acto comienza con los ardides de Rugero por el poder: después de su frustrado intento de matar a Matilde, este concreta su plan inicial y exhibe ante el Rey unas cartas falsas que supuestamente demuestran  un intento de traición. Como castigo, Matilde es desterrada y Rugero recompensado con la promesa de Salerno. Cobardemente, Próspero pide la mano de Laura, la hermana de Rugero, para disipar cualquier relación con la otrora princesa de Salerno. Sin embargo, Matilde pide audiencia con el rey, y este se niega a escucharle:

Matilde. A Salerno me has quitado,
y lo que es más, el honor,
que se restaura peor
que la hacienda y el estado. (vv. 1415-18)

Mas aunque sordo a mis quejas
no me des dellas venganza,
porque en el rey la privanza
ensordece las orejas (vv. 1435-38)

Matilde se repara a la quinta quemada de Iñigo, donde este y su sirviente Gallardo se lamentan de haberlo perdido todo. Sin embargo, Iñigo presta oídos a las desgracias de su amada. Acá se compara a los dos galanes, Iñigo y Próspero, y se exhibe la trama política entre Rugero y Matilde. En la carta (suponemos) Laura le explica a Sirena que no siente amor por Próspero, sino por el hermano de esta, Iñigo. Gallardo expondrá de forma jocosa y rítmica los menesteres de su amo, a quien Laura entrega un mensaje de socorro para su amo. El rey sale a escena para tratar con Laura su futuro matrimonio, pero este queda cautivado por Sirena, a quien le expresa su favor amoroso. Laura aprovecha para exponer su desagrado por Próspero y este acepta no obligarle a casarse con el príncipe. Gallardo informa del amor de Laura hacia Iñigo, y este se ve ofendido. Rugero aparece y ofrece a Iñigo un alto cargo militar a cambio de que este se case con Laura, a lo cual se muestra nuevamente ofendido y confirma su amor por Matilde quien, en secreto, escucha.
El tercer acto abre con una escena nocturna en la que el rey se presenta ante Sirena, mientras que Rugero confunde al rey con Teodoro, y así confiesa su traición y el rey se convence de la lealtad de Matilde.
En su quinta abrasada, Iñigo escucha las quejas de Gallardo ante la miseria en la que viven, mientras que Matilde se encuentra con el conde de Rojano. Iñigo es llamado a la corte y se entera de que Matilde también estará presente, a lo que arma un discurso amoroso que es brillantemente parodiado por Gallardo. Ya en la corte, Matilde aparece ricamente ataviada y Próspero intenta cortejarle justificando pasadas actitudes:

Próspero. En la desgracia pasada
no fue bastante el rigor
del rey, ni el veros ausente
con deshonra tan notoria,
a que amor en mi memoria
no os adorase presente. (vv. 3085-90)

A lo que ella juega con la presencia de don Iñigo. El rey restaura los títulos de Matilde y le agrega el condado de Valdeflor proponiéndole matrimonio con Próspero. Al final Matilde termina rechazándolo, casándose con Iñigo y el rey con la hermana de este, Sirena.

Matilde. Don Íñigo es, señor, este
que viene ante vuestra alteza
a hacer en mí ejecución,
y pretende sacar prendas. (vv. 3353-56)

y premiando su nobleza
en su favor sentenciéis
a que yo su esposa sea. (vv. 3364-66)

Rey. [A don Íñigo] Dalde a Matilde la mano,
y pues hoy se pagan deudas,
y en los reyes las palabras
de obras firmes tienen fuerza,
la que le ha dado mi amor
a vuestra hermana Sirena
quiero yo también pagar:
mi esposa es, y vuestra reina (vv. 3375-82)

De esta manera, la comedia Palabras y plumas es una pieza rica en referencias literarias e históricas: por una parte se le relaciona argumentalmente con la obra de Boccaccio, El halcón de Federico, con respecto al tópico de gastar la hacienda por amor. Referencias literarias contemporáneas también se harán, sobre todo a pícaros como el Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache y Estebanillo González. Con respecto a su  referencia histórica, la obra se relaciona con la muerte del rey Alfonso el Magnánimo el 27 de junio de 1458 y los consecutivos problemas políticos alrededor de la corona napolitana.
Tirso de Molina logra con esta comedia una pieza rica en dinámica, con diálogos versátiles y con un equilibrio entre la propiedad necesaria para ser llevada a palacio sin sacrificar las risas, es decir, estamos ante una magnífica pieza que consolida aquello del delectare et prodesse horaciano. A mi gusto, una pieza que aún no se ve contaminada por los excesos barrocos y que sin embargo, logra atrapar poderosas premisas en brillantes conceptos.

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Alejandro Loeza

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