El pretendiente al revés

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La costumbre tirsista por los dramas de palacio, con enredos amorosos (que como se verá, no siempre terminan por conformar comedias de enredo) y los límites del poder con respecto a las pasiones se dan en esta obra titulada El pretendiente al revés. Integrada en la Primera parte de comedias de Tirso de Molina, esta pieza consta de tres mil ochocientos cincuenta y tres versos de muy variada métrica. Sin ahondar en detalles, Arellano afirma que no todos los enredos derivan en una comedia de enredo y esto, a grandes rasgos, se traduce en que el final de esta comedia no resulta ni cae dentro de la tragedia, aunque alguna pincelada se observe en su confección.

El primer acto inicia en medio de la fiesta de San Juan, donde los pastores y el pueblo en general celebran dichas conmemoraciones. En la fiesta se encuentra Carlos y Sirena, quienes en secreto están casados. Apartados de la fiesta y la gente, ambos expresan la desesperación de la ausencia y el secreto de su matrimonio:

Carlos.                 Mi bien, sin vuestra belleza
todo es pena, todo es muerte. (vv. 347-48)

La dilación
que del no gozaros nace,
con pinceles del deseo
pinta en lienzos del temor,
lejos y sombras de amor,
que en cortas distancias veo.

Sirena.                 No son, mi esposo, diversos
los pensamientos prolijos,
del amor que os tengo hijos. (vv. 355-64)

A su vez, el duque de Bretaña llega a la mencionada fiesta y ahí le comunica a Sirena que su nueva esposa, Leonora, le ha conferido el cargo de dama de corte. Aparte, la  conversación de Carlos le parece agradable y le invita a ser parte de la corte como cazador mayor:

Duque.                Para entreteneros
entre mozos caballeros
sois mi cazador mayor. (vv. 604-06)

Carlos.                 (Aparte) Vivid alerta, mi honor
No sufráis que en la marquesa
haga la deshonra presa,
pues sois cazador mayor. (vv. 655-58)

Acá inicia una serie de celos y temores por parte de Carlos pues conoce el deseo amoroso que tiene el duque por Sirena. Mientras tanto, en la corte, Leonora se entera de los sentimientos de su esposo hacia Sirena, razón por la cual acude a Belvalle, donde se ha desarrollado la primera parte de la comedia. En la noche, en Belvalle, Carlos le expresa a Sirena sus celos, mientras entran en escena el duque y su sirviente Floro. Al oírles, Carlos y Sirena fingen ser otros. En largos diálogos, Carlos critica al duque mientras este intenta hacerse de la confianza del fingido labrador para poder entrar al cuarto de Sirena. Enfadado, el duque ordena capturar a Carlos, aun sin conocer su identidad, y este logra escapar. En el momento de la huida entra Leonora y discute con el duque, a la vez que ella expresa celos y desconfianza de la actitud del noble.

El segundo acto, como propio de la estructura de este teatro, complejiza la trama, llegando en algún momento a ser demasiada confusa. Ya en la corte, el duque, descaradamente, le solicita a Leonora le ayude a seducir a Sirena, revelando su pasión por esta:

Duque.                La marquesa Sirena es el tirano
que con violenta mano se retrata
dentro del alma, ingrata y homicida. (vv. 1628-30)

Herida por la mella al honor, acepta ayudarle pero en secreto planea cobrar venganza de este comportamiento, sometiéndole a la humillación de ser intermediario de sus deseos por Carlos, de lo cual se entera Sirena quien se entera de las intenciones de la noble.

Leonora.             Los ojos ha puesto en ti
el duque, para cegarlos,
y yo los he puesto en Carlos,
tu primo.

Sirena.                                 ¿Cómo? Aparte, ¡Ay de mí!

Leonora.             Mi desprecio vengo así.
A amar a Carlos me animo.
Ni honra ni vida estimo. (vv. 1892-98)

El duque le da a Carlos varios títulos a cambio de hacer todo lo que la duquesa ordene, lo cual confunde a Carlos. Sirena le advierte a Carlos que ella será su Celestina, aumentando la confusión del joven. A la noche, Carlos sale con el duque a inspeccionar el terreno. En dicho terreno, una ventana da a la habitación de Leonora, quien nota la presencia del caballero y lo celebra ante la indiferencia de Sirena. Mientras tanto, el duque cuestiona a Carlos y comienza a dudar de él, sospechando, por primera vez que quizás a él también le gusta Sirena:

Duque.                ¡Traidor, no busques rodeos,
que ya conozco la causa
por que tanto dificultas
lo que mis penas te mandan! (vv. 2467-70)

¡No es la honra de Sirena
la que recelas y guardas,
sino el tenerla, en mi agravio,
más que prima por tu dama! (vv. 2475-78)

Entonces, Carlos finge pretender a una dama que siente celos de Sirena, a lo que ella responde aludiendo a un caballero que se inquieta por Carlos, éste se cela, Sirena se muestra indiferente, el duque satisfecho y Leonora confusa.

El tercer acto abre con las amenazas de Leonora a los participantes de los enredos si estos no le obedecen. De esta manera le pide al duque que reprenda a Carlos por indisciplina, y el duque promete ser más severo con él.  En este acto, las acusaciones entre Carlos y Sirena, basadas en la sospecha de traición, les hace acusarse mutuamente de deshonrar uno al otro:

Carlos.                 Sirena me ha culpado injustamente,
que ignora lo que su honra he defendido (vv. 3370-71)

Consiente de los peligros que corre, Sirena desea huir mientras Carlos intenta calmar al duque. Posteriormente es anunciada la llegada del padre de Leonora, y mientras los duques le reciben, Sirena y Carlos huyen a la granja de Corbato, donde vestirán de villanos. Ya en esta granja, al duque se le sirven los platos al revés (por el escondido Carlos). Durante esta cena, un campesino llamado Tirso canta a propósito de un mal pretendiente y el duque al sentirse identificado, cobra conciencia del error de sus actos. Ante esta situación, Sirena y Carlos revelan su matrimonio secreto. Enrico, el padre de Leonora, enterado de las situaciones, llega a poner orden y dice:

Enrico.                 Duque, si vine a Bretaña,
quejas justas de Leonora
de mi estado me sacaron,
que han de averiguarse agora. (vv. 3798-801)

De esta manera,  indulta a los esposos secretos, condena la actitud del duque hacia su hija, el duque pide perdón y la comedia termina con la promesa de este de obedecer el matrimonio que tiene con Leonora.

Como he intentado explicar de la manera más breve, la obra es de una complejidad de enredos que implica un constante poner atención a los detalles, ideas y sentimientos que cada personaje tiene dentro de la obra. Esta comedia está clasificada dentro de las comedias palatinas, por sus características lúdicas. Dos personajes, ya destacados por la crítica, deben pasar a resaltar entre los personajes de esta obra: el duque y Floro, su consejero. Pasan a primer plano el primero por ser caprichoso y voluble y el segundo por ser un intento de moderación y sensatez en la actuación del poderoso duque. Los personajes de Carlos y Sirena suponen el uso tópico de los matrimonios secretos, conocidos por ser comunes hasta antes del Concilio de Trento de 1563. Y mientras que en esta nobleza de base no falta amor, sí en la de los duques, donde la infidelidad y el deshonor tienen constante mención. Eva Galar afirma que: «Tirso recuerda a la sociedad de su época que el matrimonio ha de ser, ante todo, libre, para poder celebrarse en público, basarse en el amor y, una vez celebrado, tanto el marido como la esposa deben guardarse fidelidad y respetar el sagrado vínculo que les une» (p. 204). De esta manera, estamos ante una comedia palatina que utiliza los enredos, engaños, dilemas y problemáticas amorosas de su época para exponer a un soberano poco prudente y ejemplar. La importancia del gobernante representado en el duque radica en la irradiación de sus acciones a sus vasallos, quienes toman por modelo su actuación. Esto, en todo caso resulta lo fundamental de dicha comedia, que a mi gusto expone de manera compleja las pasiones desmesuras y el balance impuesto, eso sí, por un noble más sabio.

Alejandro Loeza

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