El árbol del mejor fruto

Estándar

Comedia de Tirso de Molina que encierra una compleja simbología y tradición con respecto a la cruz en la que fue crucificado Jesús. De esta obra, se desprenden algunas interpretaciones posibles, sobre todo arraigadas al concepto que se tenía de los judíos en el siglo XVII. La obra está constituida por tres mil doscientos veinte seis versos de distintas métricas. El primer acto comienza con la acción inmediata que nos presenta al César Constantino, quien muere a manos de unos bandidos que impiden seguir su camino a Grecia para concretar su matrimonio con Irene. Valiente y con coraje, Constantino pierde la vida contra dicha horda de bandoleros,  no sin antes advertirles del tamaño de su crimen:

Constantino.     Yo no rindo la espada
a quien la cara trae disimulada.
Quien della no hace alarde,
traidor es, y el traidor siempre es cobarde;
que, en fin, entre villanos,
cuando las caras sobran faltan manos
y será afrenta doble
que se rinda a quien no conoce un noble,
pues ser traidor intenta
quien descubrir la cara juzga afrenta. (vv. 5-14)

¡Ay, Irene querida!
Muerto soy.

Clodio.                                Por callar pierdes la vida. (vv. 29-30)

Sin embargo, los bandoleros no hacen caso de los discursos del noble y le matan, con lo cual al saquear la comitiva del soberano, los bandidos descubren su identidad y ante el temor del magnicidio, emprenden la huida:

Clodio.                                ¡Cielos!, si questo es cierto,
todo el imperio ha de vengar el muerto.
¿Pues de qué traza y modo
podemos resistir al mundo todo?
Huyamos, bandoleros,
que no son muros estos montes fieros
para excusar castigos
de tantos y tan fuertes enemigos. (vv. 69-76)

En otra escena se introduce a Cloro (que según la acotación de la obra debe ser el mismo actor que ha representado a Constantino) quien platica con Lisinio, amigo de Cloro y al igual que este, labrador, sobre los infortunios y su sentir con respecto a vivir en el campo. También se menciona el hecho de que Cloro es un labrador letrado que disfruta mucho de la lectura.

Lisinio.                                ¿Qué es lo que haces aquí,
siempre en libros ocupado?
Mira que al tosco sayal
el ser letrado repugna. (vv. 95 – 98)

La cuestión es que Cloro siente que está llamado a más y no sólo a ser un labrador:

Cloro.                                   No nací para pastor
puesto que mi madre sea
natural de aquesta aldea,
porque el oculto valor
que vive dentro en mi pecho,
me inclina, si lo penetras,
a las armas y a las letras… (vv. 105-12)

Entre las lecturas que comenta Cloro, está la de los mártires cristianos, que invita al espectador a identificarse con este cristiano primitivo. Entonces, el elemento fantástico aparece: una voz le indica a Cloro y Lisinio que serán emperadores y cae un ramo de laurel en la cabeza de cada uno, lo cual les motiva a salir de la aldea y probar suerte en la guerra.

Una voz.              (Dentro.) Lisinio y Constantino, emperadores.
Cae sobre sus cabeza un ramo de laurel. (v. 206)

Cloro.                   Emperadores nos llama
quien nuestra dicha pregona
y la ninfa nos corona
que Apolo consagró en rama. (vv. 211-14)

Antes de partir Cloro va con su madre, Elena para indagar sobre su padre, pues está convencido de pertenecer a una clase social superior. Elena le certifica y le hace ver que en realidad su padre sí era un labrador aludiendo a sus características físicas y le dice: «deja triunfos y vitorias, / pues para pobre has nacido» (vv. 421-22). Cloro se desilusiona y acepta su condición social. Entonces los bandidos llegan al pueblo y se asombran del parecido entre Cloro y el asesinado césar. Clodio, el líder de los bandidos, invita a Cloro a que finja ser Constantino y le muestra las cartas de Irene, ocultando el dato de que son ellos mismos quienes han matado al césar. Cloro recuerda el pasaje fantástico de la voz y se siente llamado a su destino de grandeza y acepta: «No soy Cloro desde aquí, / Mingo, sino Constantino» (vv. 715-716). Posteriormente se da el encuentro entre Cloro e Irene, y esta rechaza abiertamente su interés por el matrimonio y a la llegada de Cloro, escenifica una competición en la cual destaca su carácter varonil y de fortaleza:

Irene.   Hoy dicen que Constantino
a darme la mano viene
de esposo, como si Irene
al mismo Apolo divino
sujetar imaginase
la preciosa libertad,
que en mí es única deidad,
sin que amor mi pecho abrase. (vv. 794-803)

Quiero ensayar un torneo (v. 894)
para que el césar amante
de verme armada se espante,
que amor teme, porque es niño. (vv. 897-99)

Aun así, Cloro no desiste y queda enamorado de la princesa griega, a quien también aspira el duque Isacio, primo de esta y quien no logrará concretar su romance:

Cloro.   A su belleza
añade la fortaleza,
como a mi amor, nuevas alas (vv. 911-13)

Mingo. ¡Válgate Dios por mochacha!
Si eres hembra o eres macha
no casarte es lo mijor. (vv. 933-35)

En el segundo acto abre con el discurso lánguido de Constancio, padre de Constantino quien acude al lugar donde han matado a su hijo. Estos versos están cargados de profundo dolor y tristeza.

Constancio.       ¡Ay cielo!, ¡ay rigor!,
cortaste un árbol en flor,
de la belleza retrato;
dejaste un tronco con vida. (vv. 1059-62)

Sin embargo, aparece Cloro y ante la sorpresa de Constancio «¡Alma, dejad / sueños, si es que estáis durmiendo!» (vv. 1662-63) y el gracioso Mingo, termina por descubrir el misterio. Constancio enfurece e Irene entra a defender a su marido, pese a la posibilidad de que sea plebeyo. Por su parte Elena detiene la pelea y aclara: Cloro es en realidad Constantino y es hijo de Constancio quien repudió a Elena por razones de estado. Con esto se establece que Cloro puede sustituir al hijo muerto de Constancio pues le iguala en todos los aspectos. Constancio lo acepta y se preparan todos para la guerra con Majencio.

Cloro.   ¿quién duda que en más estime
desde hoy su imperio sublime,
pues le honran los pies de Irene?

Irene.   Véaos yo su emperador,
vencido el loco Majencio,
que yo solo reverencio,
Constantino, vuestro amor,
sin que del laurel los lazos
deseo a mi gusto den
mientras en mi cuello estén
coronándole esos brazos. (vv. 1573-83)

Constantino lidera la guerra contra Majencio porque estos tratan de forma cruel a los cristianos, a lo cual Irene le contraviene, pues no admite el cristianismo:

Cloro.   A Majencio he de vencer
con la ayuda de su Cristo.

Irene.   ¿Qué dices? ¿A un hombre alabas?
muerto en cruz y en él esperas? (vv. 1630-33)

Se habla de la traición, muy a propósito de los deseos de Lisinio por gobernar. Se sucede una escena en la cual Mingo recibe palos. En el campo de batalla Constantino escucha la voz misteriosa que le anuncia que si su ejército lleva el estandarte de la cruz, este vencerá sobre el contrario. Una vez ganada la batalla contra Majencio, Elena y Constantino deciden buscar la cruz de Cristo, que entienden está en Jerusalén. Antes de partir, Constantino le hace jurar a Lisinio como césar, a la vez que le pide dos cosas:

Cloro.   Que jures, quiero
no perseguir los cristianos,
sino honrallos y querellos,
pues fundo mi dicha en ellos.

Lisinio. Yo lo prometo en tus manos.

Cloro.   Has de jurar lo segundo
no levantarte jamás
contra mí. (vv. 2079-86)

En el tercer acto, Irene comienza haciendo digresiones sobre la calidad cristiana de su esposo Constantino, a la vez que acuerda con Isacio convencer a Lisinio de matar a Constantino: «y así, aquel que los vengare / y a Constantino matare, / vendrá a ser dueño de Irene» (vv. 2228-30). En Jerusalén, se introduce los personajes judíos, Judas, viejo, Leví y Zabulón. Serán personajes que desde el tópico de los judíos, se emulará el discurso de otras obras del Siglo de Oro:

Judas.   ¡Que se haya un emperador
aficionado de Cristo
de tal suerte que defienda
con tanto amor el bautismo,
y que la cruz nos demande,
y si no la descubrimos
a muerte vil nos condene,
a tormentos y martirios! (vv. 2329- 2336)

En Jerusalén, otra escena presenta al gracioso, Mingo, en un discurso que evoca los tópicos peyorativos sobre los judíos. Posteriormente se menciona el tema de la cruz, en una serie de evocaciones sobre su poder milagroso y su presencia escondida en Jerusalén. Elena ordena torturar a los judíos, entre los que está Judas y será la principal voz en el suplicio que pretende hacerle confesar donde se encuentra escondida la cruz. La escena se da entre lo aberrante de la tortura y lo sádico del gracioso Mingo.

Elena.   Morirás en el tormento,
traidor, mientras no declares
dónde está mi amada prenda.

Judas.   ¡Ay! La maldición te alcance
de Sodoma y de Gomorra.

Mingo. ¡Oh, rabino, al fin cobarde!;
¿mi gorra qué culpa tiene,
que la maldices? (vv. 2780-87)

El pasaje ha sido comentado por varios críticos y destacan la crueldad del acto, lo poco cristiano del mismo y que las burlas de Mingo no solo no logran amenizar lo que ocurre en escena, sino que lo hace aún más grotesco. Particularmente creo que la escena es alusiva a las torturas inquisitoriales, donde no era extraño observar torturas públicas a la vez que bufones representaban escenas graciosas. Arellano, en el estudio crítico a esta obra, observa como aún más grave la asimilación que Elena hace de la conducta y función del gracioso, Mingo, y afirma que es «una asociación que vulnera el decoro dramático».

Confesado el lugar donde la cruz está enterrada, Elena acude a recuperarla. En una escena que se entiende es paralela, Constantino se lamenta por el abandono de Irene, frente al retrato de su esposa. En ese momento Constantino queda dormido y mientras lo hace entran en escena Irene, Lisinio e Isacio, con la intención de matarle. Sin embargo, Constantino habla entre sueños y afirma estar enamorado de Irene y en ella se produce un proceso de asimilación sobre el amor que le profesa el otrora labrador. Al despertarse, se reconcilia con Irene, perdona a Isacio y mata a Lisinio con el argumento de haber perseguido a los cristianos, más que la traición que le ha conferido a él. Posteriormente, la búsqueda de la cruz permite hallar tres cruces en las que presuntamente fue crucificado Jesús. Para saber cual es la verdadera se procede a realizar una comprobación por medio de la realización de un milagro, que consistirá en resucitar a Lisinio. Mingo bromea ante la utilidad de la cruz, lo mismo para ladrones que para matrimonios. Una vez obrada la resurrección de Lisinio, Irene y los aun escépticos, abrazan el cristianismo. A su vez, con el milagro, se certifica la validez del cristianismo, la valía de los milagros de la Cruz y la constitución de la iglesia primitiva.

Irene.   La cruz de Cristo viva.

Todos.                                                 ¡La cruz viva!

Cloro.   Árbol del mejor fruto, iris del cielo.

Todos.  ¡Vida la cruz adonde murió Cristo!

Cloro.   Ya su hallazgo habemos visto:
a sus triunfos os convida
y aquí da fin el árbol de la vida. (vv. 3221- 3226)

La simbología del árbol en la tradición está asociada con un paralelismo entre el pecado y la redención: el pecado por el árbol del cual comieron Adán y Eva, y la redención por la madera en la que Cristo redimió los pecados de la humanidad. Su presencia está certificada en obras como la Divina Comedia, el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz y de forma mucho más contemporánea a Tirso, La lepra de Constantino de Calderón. También considero interesante la asociación del mal-judío con Judas: la negación de la figura redentora, la certificación de la oficialidad del judaísmo y la actitud vil y taimada (todo ello tópicos de la época). Por su parte, las traiciones y espacios palaciegos nos muestra un drama de corte político-moral ya que tiene todos aquellos elementos que complican temáticamente el argumento: la ambición política, los problemas amorosos, la conversión de los paganos, etc. En conclusión, una comedia que con una lectura cuidadosa y objetiva, nos permite asomar a tradiciones relativas a la cruz, a los problemas políticos de las dinámicas palaciegas y el imaginario sobre los judíos. Una comedia que interesa por esto, y por el entretenimiento, objetivo siempre claro y bien logrado en esta obra.

Alejandro Loeza

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s