La villana de Vallecas de Tirso de Molina

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La villana de Vallecas es una comedia inusualmente larga (para lo que nos tiene acostumbrados Tirso de Molina, con casi cuatro mil versos) en la que se nos anticipa la obra más conocida del mercedario, El burlador de Sevilla, aunque no sin mantener autonomía temática y siendo de gran interés el uso de personajes indianos y villanos, sin olvidar a la heroína que da título a la comedia, Violante. La comedia está publicada de manera definitiva en edición crítica por Sofía Eiroa en Iberoamericana – Vervuert. En dicha edición se apuntan los problemas de fijación textual, autoría y transmisión que el texto conlleva, acotando la importancia de la editio princeps de 1627, aunque se habría escrito entre 1618 y 1620, a la vuelta de Tirso de Molina de su viaje a Santo Domingo.

En el primer acto, se nos presenta in media res en Valencia por la noche, donde don Vicente y su criado Luzón regresan a casa después de una noche en la que Vicente se ha gastado parte de su maltrecha hacienda en los juegos y tabernas. Es el propio criado quien anticipa las desgracias del estilo de vida de su amo:

Luzón.  Sales fuera
de casa al anochecer
mudándote hasta las cintas,
y, como estás sin mujer,
ya a la polla, ya a las pintas,
damos los dos en perder
yo paciencia y tú dinero. (vv. 10-16)

Y él, don Vicente, reconoce que su ausencia en casa y su vicio por el juego, son elementos que invitan a la desgracia:

Vicente.              Casa sin padre o marido
es fortaleza que está
sin alcaide apercebido.
Quedando por cuenta mía
mi hermana doña Violante,
mucho mi cuidado fía
del natural inconstante
de una mujer que podría
abrir puerta a la ocasión
con la que le da mi juego. (vv.  83- 92)

En casa amo y criado dan cuenta de la ausencia de doña Violante, hermana de Vicente, quien ha dejado una carta acusando a don Pedro de Mendoza de haberla deshonrado, y avisa que se recluirá en un monasterio (sin dar más datos) hasta que su honra sea restituida. Vicente ruega discreción a su criado y crea una versión alterna a la deshonra: don Juan de Aragón (noble) se habría casado con su hermana en secreto. En otra escena se introduce a don Pedro de Mendoza y su criado Agudo, quienes acaban de llegar de México para buscar a Serafina, hija de don Gómez y hermana de don Juan de Aragón y a quien se le ha prometido en matrimonio: “Escribió su padre al mío / sobre aqueste casamiento” (vv. 349-350).

En una posada en Arganda, don Pedro de Mendoza y su criado Agudo, se encuentran con don Gabriel de Herrera, el verdadero transgresor de la honra de Violante. En la cena que mantienen juntos, Pedro y Gabriel hablan sobre el panorama de la corte y el entorno teatral del Madrid de la época.

Pedro.  Antes por él
mana España leche y miel.
De promisión tierra ha sido. (vv. 522-524)

[…]

Pedro. ¿Qué hay en Madrid de comedias?
Gabriel.               Todo lo ha desazonado
la salud del rey en duda:
no hay quien con gusto a ella acuda. (vv. 532 – 535)

A su vez este bloque introduce lo que será el principio del enredo, ya que Gabriel se confundirá con el indiano Pedro, inocente en la deshonra de doña Violante, a la vez que un trueque de maletas permitirá a Gabriel hacerse de la identidad de don Pedro, por culpa del criado de éste, Agudo: “Las maletas troqué, señor, por yerro. / Era de noche y mucha la bebida” (vv. 702-704). En nueva escena, Violante sigue los pasos de Gabriel, y para ello se ha disfrazado de villana, haciendo pasar Aguado por esposo suyo en casa de Blas, labrador de Vallecas. A este lugar llega don Pedro, furioso por la pérdida de sus maletas, echando culpa a la torpeza de su criado, y deja entrever a la inteligente Violante la verdadera identidad de su ofensor:

Violante.            ¡Ay, cielos!
¿Don Gabriel de Herrera es
el que ha postrado a sus pies
mi honor? ¿El que a mis desvelos
da tanta causa? ¿El que, en Flandes
dando muerte a un capitán,
mató mi honor? (vv. 1031- 1037).

Sin embargo, Violante calla detrás de su disfraz de villana, y termina este primer acto con la petición de ésta a Blas de un trabajo de panadera en la corte, para estar cerca de ambos caballeros.

El segundo acto abre con la congratulación de Gabriel y su criado Cornejo por el trueque de maletas, en la cual además de cartas de recomendación y la descripción de Serafina (de quien Gabriel queda enamorado inmediatamente) encuentran una gran cantidad de joyas y dinero. Sin embargo, no son sólo las joyas del indiano lo que hace crecer el deseo de Gabriel por usurpar la identidad del mexicano, sino también la descripción de Serafina:

Gabriel.               Bien allá pasar pudiera,
que, en fin, con mis alimentos
y con cinco mil ducados
que llevo aquí, mis cuidados
dieran fin a pensamientos;
pero a doña Serafina
he visto, Cornejo, ya
y en ella cifrada está
la hermosura peregrina
del mundo. (vv. 1246 – 1254)

En la siguiente escena, Serafina, Juan y don Gómez esperan a don Pedro, y entra Gabriel, haciéndose pasar por el indiano. El engaño es exitoso y Serafina celebra su nuevo amor. Por su parte don Juan se encuentra con Violante, disfrazada de panadera, y le declara su amor. Ella lo rechaza, alegando diferencias sociales: “Es muy alto de estatura, / y muy pequeña mi suerte” (vv. 1775-76) y don Juan le responde que el “Amor las iguala y junta” (v. 1777). Don Pedro llega ante don Gómez y Serafina, y estos lo toman por impostor y lo expulsan de su casa. Violante, pendiente de esta acción le confiesa que ella conoce toda la verdad que envuelve al engaño de identidades, y le promete resolverlo, retrasando la boda. Vicente llega a Madrid y Aguado le indica que su hermana está en Monviedro. En una posada en la que se encuentra don Pedro, Aguado le muestra el contenido de la maleta de Gabriel y le indica el engaño y el verdadero burlador de la honra de Violante. Se decide acudir a un alguacil. Por su parte, Pedro se lamenta y Agudo le recomienda escribir carta a Sevilla, de donde el capitán de la nave que le ha traído le deberá avalar con su verdadera identidad. Nuevamente, todos se encuentran frente a la casa de don Gómez, donde Gabriel y Pedro se retan y antes de llevar a cabo el duelo, llega el alguacil quien encarcela a don Pedro, creyendo que es don Gabriel, bajo los cargos de una muerte en Flandes, la deshonra de una doncella y por intento de suplantar al indiano (o sea, así mismo)

Alguacil.              La deuda es una doncella;
la muerte, de un capitán,
y esta, la riña o pendencia. (vv. 2461 -63)

Al final, don Pedro es encarcelado, Gabriel cree haber logrado su cometido y Violante se presenta ante Juan como la villana de la que está enamorado y le promete una correspondencia amorosa. Así termina el segundo acto.

En el tercer acto doña Violante alquila una casa donde viste de dama, y convoca al primo de don Gabriel, Luis de Herrera, a quien le cuenta la deshonra y a que pide ayudar al prisionero (don Pedro) a salir de la cárcel. En una casa en Vallecas, Violante se hace pasar por doña Inés de Fuenmayor, mexicana que se hace pasar por la esposa de don Pedro, antes los ojos de Juan quien cree reconocer en ella a la villana de Vallecas, pese a las negativas de ésta. Por su parte, don Gabriel comienza a ablandar su postura y decide quedarse con Serafina pero no así con la fortuna del mexicano la cual usará para ayudar a salir a don Pedro de la cárcel. Posteriormente, Violante se enfrenta a Gabriel, aunque este desconoce su identidad:

Gabriel.               Picada venís, a fe.

Violante.            Picome un bellaco el alma. (vv. 3448 – 49)

Mientras tanto don Pedro y su criado salen de la cárcel gracias al primo de Gabriel, don Luis, a la vez que recuperan el dinero que les pertenece. En la última escena se celebra la boda de Teresa y un villano, en donde todos los personajes principales se reúnen, aprovechando Violante para aparecer con su verdadera identidad y devela los engaños:

Violante. Primero que los vecinos
de Vallecas a ver salgan
el fin de tantos enredos,
es razón que se deshagan.
Don Gabriel, vos sois mi esposo,
y yo, puesto que injuriada,
doña Violante, que trueca
en amores sus venganzas.
En prueba desta verdad
firmas alego y palabras
delante de don Vicente,
que es el juez de nuestra causa.
Vos, don Pedro de Mendoza,
por más que truecos de Arganda
usurpar hayan querido
vuestro nombre y vuestra dama,
gozad vuestro serafín,
que, si trabajos alcanzan
premios de amor, su hermosura
con razón los vuestros paga.
Perdonad, don Juan, mis burlas;
que, si tuviera dos almas,
dueño la una os hiciera,
mas la que tengo es esclava.
Don Luis de mi remedio
os doy las debidas gracias,
los brazos a don Vicente
y a mi esposo la constancia
del corazón que le adora. (vv. 3898 -3926)

Al final, don Gabriel acepta amar a Violante y así restaurar el honor, a la vez que don Pedro logra su cometido de desposar a Serafina y el final se corresponde con las bodas múltiples.

La obra es dinámica y los diálogos versátiles, además de claramente ingeniosos. La comicidad y los apuntes claramente morales ante los excesos de determinados personajes, la convierten en una pieza que, pese a su inusual tamaño, se disfruta en su entramado. Claramente, el tema principal es el amor, pero Tirso introduce otros temas como el juego, la pérdida de la hacienda, la corte y la amistas, además de hacer mano de su experiencia personal en América, introducido en los registros fonéticos. El tema del amor es abordado con gran inteligencia e imaginación por Violante, que con estas herramientas evita la tragedia, pese a la burla del honor. Ese uso del ingenio, constituye una realidad con perspectiva barroca y el ingenio de Violante sobresale a la de los hombres. Esta gran comedia, en conclusión, es una anticipación de otras muchas obras y las dinámicas propias del teatro de Tirso de Molina.

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Alejandro Loeza

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