El mayor desengaño de Tirso de Molina

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Semana Santa en Cuenca

Comedia de corte hagiográfico que en su confección mezcla temas y tópicos que abordan el amor, la privanza, el enredo, el nutrido discurso de las armas y letras y, por supuesto, el desengaño terrenal de san Bruno, fundador de la orden de la Cartuja en el siglo XI. La comedia de poco más de tres mil versos se divide en tres actos la acción del santo, de la cual, hasta donde se sabe, Tirso habría tomado licencia poética de al menos dos terceras partes de la vida del santo que en esta obra se representa. Perteneciente a la leyenda medieval, san Bruno se desengaña de la búsqueda por la sabiduría y el conocimiento a partir del milagro acecido en la universidad de París, por la condenación de un doctor en dicho centro de estudios. A partir de este momento, san Bruno funda la mencionada orden de la Cartuja. De la leyenda medieval, Tirso toma el mencionado desengaño y el sueño de san Hugo, que anticipa la fundación de la Cartuja. El resto parece pertenecer al terreno de la imaginación del mercedario.

En el primer acto, se presenta Bruno, estudiante profundamente enamorado de Evandra, a quien ha cortejado por alrededor de seis años.

Bruno.  Evandra, si cuando dejo
tantos aumentos por ti,
letras a quien años di,
respetos de un padre viejo,
grados de universidad,
leyes por la de tu amor,
cargos que ofrece el favor,
honras que dan dignidades,
¿qué estado habrá que me cuadre,
pues maltratas mi deseo,
cuando despreciado veo
por ti mi estado y mi padre?
¿El darme una mano bella
fuera mucho galardón?

Evandra. Sí, Bruno, que la opinión
tengo de mi honor en ella. (vv. 33 – 48)

Sin embargo, el padre de Bruno se opone al enlace, por menospreciar la fama y honor de Evandra, y desherda a su hijo a la vez que le maldice: «…que la noche de tus bodas /trueques gustos en agravios / y el tálamo que deseas /manchen adúlteros brazos» (vv. 237-40). Por su parte, Bruno le cuenta a su amigo el conde Próspero, de sus deseos por casarse con Evandra, y éste promete ayudarle. Bruno le anuncia que cuando le conozca verá su «calidad». Próspero conoce a Evandra, pero en vez de persuadirla, se termina enamorando de ella, y le explica como ésta se vería beneficiada de la posición social elevada y acomodada que ocupa el Conde: «seréis mi esposa y condesa, / dueño seréis de mi casa» (vv. 768- 9). Evandra, descarta a Bruno e inmediatamente acepta las propuestas del conde Próspero. Descubierto este entramado amoroso, Bruno escucha como todos los personajes van a apoyar el amor de Próspero y Evandra, con lo cual el fundador de la Cartuja, sufre el primer desengaño: el del amor. Evandra anuncia que:

Evandra. Pues todos me aconsejáis
lo que tan bien puede estarme,
y Bruno por hablador es digno de castigarle,
con la mano doy el alma
a Próspero, cuerdo amante,
que ya de derecho es suya,
si palabra satisfacen. (vv. 1002-9)

Con este desengaño (recurriendo por momentos a lo patético) Bruno se exilia, dando fin a este primer acto.

Bruno. ¡Oh desengaños del mundo!
cúrrenme vuestras verdades,
pues experimento en mí
el desengaño más grande. (vv. 1058 – 61)

Adiós patria, adiós amores;
adiós amigos mudables,
cruel padre, casa ingrata,
mujeres interesables,
que, si hazañas dan ventura,
hoy tengo de aventurarme
y dejar ejemplo en mí
del desengaño más grande. (vv. 1074 – 81)

El segundo acto comienza en el campo de batalla, en las murallas de alguna ciudad alemana, asaltada por los ejércitos de Enrico  IV, en donde el propio emperador destaca el papel de Bruno.

Enrico. No están, Bruno, bien premiados
ansí, ni su fama abonas,
que yo los vi levantados
hacer de muros coronas,
por tu esfuerzo conquistados.
Brazos tengo con que honrarte
si, a falta de los de Marte,
los de un emperador son
bastantes. (vv. 1207-14)

Ahí, Enrico reconoce el valor de Bruno y le confiere el cargo de privado y le obsequia como botín de guerra a la dama Visora: «Gobierna mi augusto estado / y, entre las armas y libros, / da consejos y haz hazañas, / reparte cargos y oficios» (vv. 1414-17). Visora es entregada como botín a Bruno y le pide que le libre de las pasiones de Enrico, casándose con ella. Sin embargo, Bruno se niega, aludiendo a su tomentoso pasado amoroso. Ya en palacio, Bruno es víctima de los entramados de celos y envidias de poder propios del escenario: la emperatriz siente celos de Visora, mientras que Milardo, anterior privado, envenena los pensamientos de la emperatriz. Y la emperatriz advierte en contra de Visora: «Mujer soy agraviada y poderosa; / para su muerte basta estar celosa» (vv. 1592-3). Las circunstancias le hacen temer a Bruno que «hoy que comencé a subir, / el caer será forzoso» (vv.  1678-9). Leida y Marción (criado de Bruno) también anuncian su caída en desgracia y los peligros de la privanza. Marción es torturado por la emperatriz para que diga cuales son las intenciones del emperador, Enrico, y este confiesa. Enrico acusa de traición a Bruno, cae en desgracia  con esto viene el segundo desengaño: el poder y la privanza. Enrico encolerizado, le dice a Bruno: «Entronizar un villano / necio y desagradecido / causa de mi enojo ha sido» (vv. 1838-40). Así, Bruno es destituido, mientras Milardo es enviado a matar a Visora, pero ambos se enamoran y Bruno les descubre. Milardo y Bruno van a entablar batalla y son detenidos por el propio emperador, quien expulsa a Bruno de la corte, mientras que admite el matrimonio de Milardo con Visora para evitar los celos de la emperatriz, siempre y cuando este se la lleve lejos de la corte. Bruno cierra el acto con su nuevo desengaño en la boca:

Bruno. Quien desengaños buscare,
mercader soy que los vendo,
pues el mayor desengaño
puede en mí servir de ejemplo. (vv. 2238 – 41)

Cartujo II, 1945

El tercer y último acto abre con los comentarios sobre la fama que Bruno ha alcanzado en la universidad de París por su sabiduría y conocimientos.

Lucio. Espantoso.
Monstruo es Bruno en todas ciencias.

Roberto. Con exceso se llevara
la cátedra, aunque con ella
se llevara la tiara. (vv. 2242-6)

Se anuncia su oposición, la cual se lleva a cabo en un aula de la universidad, donde finalmente tiene éxito y obtiene la cátedra con el discurso, entre otros, de las letras y armas:

Bruno. Mas diré por cosa cierta
que letras y armas se hermanan
y solo se diferencian
en que las armas se ayudan
de las corporales fuerzas,
como las letras del alma,
pues unas y otras pelean. (vv. 2295 – 301)

Marcela  aparece y se enamora de Bruno, a quien tienta. Se prepara el funeral de Dion, donde el muerto comienza a hablar y con ello se condena al santo y sabio Dion. Bruno se desengaña del conocimiento, los reyes de Francia presencia toda la acción, aparece en escena el papa Hugo y un ángel, anunciando el Ángel el deseo de que Bruno funde la orden vivir muriendo y es inmediatamente certificada por el papa.

Bruno. Amigos, desengañaos,
pues el que presente vemos
es el mayor desengaño.
¿A vida tan breve y corta,
a tan inefable plazo,
a jueza tan recto y severo,
a tan apretados cargos
no despertamos, señores? (vv. 3045- 52)

Una orden de vivir
muriendo quiero enseñaros,
donde aprisionéis sentidos,
enemigos no excusados (vv. 3096-100)

En ese momento, Bruno pasa a reclutar a sus primeros miembros y se dirige al desierto, a comenzar su obra y fundación de la orden de la Cartuja.

Esta comedia, por su datación, podemos considerarla fundamental como precursora de otras obras de Tirso de Molina, siempre de carácter hagiográfico, claramente. Los actos están hilados por el tema del desengaño, pero nada anticipa el fantástico final, mágico-espiritual. Pero no por lo anterior, la comedia de Tirso pierde coacción: por el contrario. Se enmarca dentro del generadora de comedias a lo divino y/o santos que tanto abundó en el Siglo de Oro. Si bien el capítulo final introduce un elemento fantástico con el milagro del santo, el resto de la obra no supone dicha maquinaría fabulosa. En conclusión, estamos ante una obra rica en temática, en el trasfondo barroco que ya está claramente definida en esta obra y que además cumple con ese imprescindible papel de la comedia en el Siglo de Oro: ser una maquinaria de ideología, a doctrinante, entretenida y compleja temáticamente.

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Alejandro Loeza

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