El laberinto de Creta de Tirso de Molina

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Auto sacramental de poco más de mil cuatrocientos versos, firmado el primero de marzo de 1638 por Tirso de Molina y que habría sido hecho para ser representado en el Corpus de ese mismo año. Este auto sacramental (junto con La madrina del cielo y La ninfa del cielo) ha llamado poco el interés de la crítica tirsista, además de haber sido pocas veces editada. A su vez, existen dudas, mínimas en el caso del auto sacramental que nos ocupa, sobre la autoría de dicha obra. El laberinto de Creta, como el título lo anticipa, versa sobre un tema mitológico bastante referido y difundido en las obras del Siglo de Oro, del cual hace mano Tirso para plantear, en su alegorización, un tema teológico: Cristo, salvador y redentor de los pecados de la humanidad. A esta obra se le ha considerado de poco interés ya que éste auto sacramental no mantiene la elaborada estructura que encontramos, por ejemplo, en No le arriendo la ganancia. Sin embargo, la mencionada tarea de representación del Corpus puede justificar una posible prisa en su confección. Si bien, puede que no sea tan elaborado como los autos sacramentales que están en el Deleitar aprovechando, definitivamente el simbolismo y la confección barroca traban mucho la lectura y, seguramente, de la representación de la misma obra.

En su único acto /escena, el auto sacramental se cierne al mito de Minos y el minotauro de Creta. La entrada de Minos a Creta de forma triunfal enmarca este inicio donde su interlocutora, la princesa Ariadna y el mismo rey, Minos, destacarán la gloria de la isla y las victorias amorales de este lugar. Estos primeros versos están destinados a simbolizar en Creta un mundo corrompido por los vicios y, principalmente, por los siete pecados capitales. Minos narra en los siguientes versos como los Gigantes, Titanes o Curetes le ayudaron o bien sirvieron a la hora de consolidar su rebeldía contra Zeus.

Minos. Este es mi reino, este Creta
patria de aquellos jayanes,
ya Curetes, ya Titanes,
que mi dominio sujeta. (vv. 61-4)

pues su furor me promete
siete vicios para siete
mancebos que Atenas llore, (vv. 146-48)

En la acalorada exaltación y arrogancia de Minos, aparece un Tudesco, quien contradice y se enfrenta, discursivamente a Minos.

Tudesco. mientras el orbe restauro
la libertad que le oprimes,
por más que ese bosque estimes
cárcel de tu Minotauro,
antes que merezca el lauro
que a luchar con él me obliga,
porque mejor le consiga
y ponga fin a tu exceso,
algún cretense me diga… (vv. 179-87)

La clave de este personaje es compleja, por las referencias que se hace al Grisón y Bóreas, elemento nórdico. Para efectos prácticos, solo me apegaré a lo dicho en el estudio introductorio de Arellano-Oteiza a este auto sacramental: el Tudesco viene a simbolizar al impero de los Austria en su vertiente de defensores de la fe católica. Al discurso del Tudesco, contesta Dédalo, destacando el anterior discurso de Minos y explicando como la pasión de Pasife dio por resultado el nacimiento del Minotauro. Dédalo le explica los peligros al Tudesco de enfrentar al Minotauro, pero este está determinado a enfrentar al ser mitológico, y en este momento entra el rey de Etiopía, que interrumpe la acción del Tudesco. Este rey se manifiesta en contra de Minos y la criatura que encierra en el laberinto. Este rey etíope y el Tudesco vienen a reafirmar su papel (simbólico) de defensores de la fe católica y anuncian la llegada de Teseo (clara referencia a Cristo): «Del laberinto de Creta / destrozará la malicia» (vv. 676-7) «No temas, que este es Teseo / y ya triunfante le veo / de los bosques intrincados» (vv. 731-3). Antes de la llegada de Teseo, Risel, rústico con registro sayagués introduce una serie de versos jocosos para descargar la acción de la comedia. Por su parte Ariadna se lamenta de los placeres del mundo y su falsedad que no satisfacen la moral. Teseo entra en escena, Ariadna queda presa de su belleza y se enamora de él:

Ariadna. Cuanto ves en mí es engaño,
hechizos cuanto en mí admiras;
un monstruo soy de mentiras,
áspid que en flor cubre el daño (vv. 852-55)

En los versos consecutivos se clarifica que ese amor, en principio lascivo de parte de Ariadna a Teseo, se convierte en un amor casto y no profano. Finalmente, Teseo se presenta a Minos, enfrentándose a su forma lasciva y posteriormente al Minotauro, quien cae y se hunde en las cavernas infernales. Entonces, Floriso canta la victoria de Teseo y anuncia la celebración de la boda entre Teseo y Ariadna. Al final se invoca a la salvación de los hombres: «hasta que, con dulce vuelo, / poseáis tronos augustos / en las sillas de mi reino» (vv. 1422-24) clara alusión de Cristo prometiendo la salvación a los hombres.

laberinto de creta 2

No estamos ante la obra más elaborada ni mucho menos de Tirso de Molina, y sin embargo, ni se puede prescindir de ella, ya como exponente del arte del mercedario, o bien como síntoma genérico del barroco más espeso. Los investigadores del IET en su edición a este auto sacramental, se han encargado de desarticular la crítica adversa de Ortuño, Wardropper y (no puede faltar) Blanca de los Ríos hacia esta obra. La apreciación crítica en efecto, ha pasado muchos motivos, temas, explicaciones, etc., pero creo que aún hoy, es complejo determinar ciertos valores de interpretación sobre este auto sacramental. Podemos afirmar con certeza que al ser del género al que pertenece que es forzosa la utilización de alegorías para reforzar un sacramento en específico. En efecto, Creta simboliza un mundo sumergido en el pecado, con un rey (Minos) que defiende su imperio de los vicios. Dos personajes nobles le confrontan y contradicen, mientras que Teseo llega para derrotar al Minotauro y restaurar un orden de carácter sacramental. Todo ello, invita a analizar y profundizar en el tema, pero quizás valga recordar que todo indica que, muy seguramente, Tirso no elaboró con especial atención este drama, pues el tema de la Iglesia y la salvación a través de Cristo, está mejor apuntado en otras obras del mercedario, con la complejidad y belleza suficientes como para lograr un mejor efecto en el lector /espectador. Y si fue poca la atención que el mercedario dedicó a la elaboración de esta obra, sin lugar a dudas, es significación de su alto nivel creativo.

 

Alejandro Loeza

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