El Cortesano de Baltasar de Castiglione

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Es de llamar la atención la serie de textos que se dieron entre los siglos XV y XVII que exponían principios, ideas y dinámicas que los gobernantes, o buenos príncipes, debían de tener con respecto al buen gobierno. Más aun es destacable el lugar que ocuparon los textos de los italianos, entre ellos el más reclamado y conocido es, casi seguro, El príncipe de Maquiavelo. La obra de Maquiavelo toma como eje los diálogos lucianescos, que eran de principios mucho más liberales, mientras que los diálogos ciceroneanos transmitían una edificación del ser humano a partir de la virtud. Este último modelo guarda relación con una obra que tuvo particular influencia en la España del siglo XVI: El cortesano de Baltasar de Castiglione.

Castiglione fue un hombre que se rodeó de círculos cortesanos: nacido en 1478, en Mantua, Italia, estuvo en la corte de Francisco Gonzaza, y posteriormente en la corte de Urbino, que tendría gran influencia en sus maneras políticas y diplomáticas así como en la redacción de El Cortesano. Estuvo bajo las órdenes del papa León X y posteriormente de Adriano VI, quien le envió en 1524 a España en calidad de nuncio. Falleció en 1529 en Toledo, y posteriormente el emperador Carlos V diría “es muerto uno de los mejores caballeros del mundo”. El libro Del cortegiano lo redactó Castiglione entre 1513 y 1518, justo después de terminar su estancia en la corte de Urbino. El Cortesano está escrito a través del género del diálogo, en cuyo caso tendría en cuenta la tradición de las obras de Platón y Cicerón. La obra esbozará los elementos que conforman no sólo al cortesano en sí, sino un ideal de perfección humana.

La obra comienza con el planteamiento argumental, anunciado desde el prólogo al Libro I como intención de “formar con parole un perfetto cortegiano” haciendo emanar de la dialéctica propia de la corte el ideal de hombre, que a su vez deberá ser una civilità, es decir, una norma de vida.  En el Libro I, los nobles de la corte de Urbino se reúnen en el palacio con la duquesa Isabel Gonzaga y su cuñada Emilia Pía. El tema que rige este primer coloquio será las actitudes que debe tener el cortesano perfecto, siendo Ludovico de Canosa quien desarrolle la cuestión, con el sucesivo diálogo entre los participantes.  Así, se perfilan las cualidades físicas e intelectuales  a través de anécdotas de los tertulianos. A su vez,  se introduce el tema de la intelectualidad en el ámbito cortés y las divagaciones eruditas y cultas.  El diálogo concluye con la llegada del prefecto a Roma y los tertulianos proceden a bailar y jugar, hasta que la duquesa se retira y todos se van a dormir.

El Libro II abre con las advertencias de Castiglione acerca de las excesivas ponderaciones de los viejos a las cortes antiguas en detraimiento de las contemporáneas. Así, desecha la exaltación de “todo tiempo pasado fue mejor” destacnado la excelencia de la corte de Urbino. El coloquio se da al día siguiente donde quedó el Libro I y la continua Federico Fregoso, donde se destacarán las gracias que debe tener el cortesano, tomando la palabra Bernardo Bibbiena, quien hace un tipología de las gracias verbales y ejemplifica con anécdotas e historias. A propósito de las burlas y chistes, se aborda el tema de la condición de la mujer y su condición de donna di palazzo, con lo cual se encarga a Julián el Magnífico que trace dicho tema en la siguiente noche.

Así, el Libro III abordará el tema de la mujer y su condición natural, destacando sus virtudes Julián el Magnífico y vituperada por Gaspar Pallavicino. Este tema era un tópico medieval que aun hacía presencia en diversas tertulias del siglo XVI. A través de la erudición clásica, Julián el Magnífico termina destacando de manera aplastante las virtudes y bondades de la mujer.

El cuarto y último libro de El Cortesano cierra con un cambio de perspectiva, cuando el hablante adquiere una forma mucho más personal y menos retórica. En el prólogo a este cuarto libro Castiglione destacará la importancia de hablar sobre hechos pasados, a la vez que lamenta la muerte de algunos de los tertulianos, como Pallavicino, César Gonzaga y Roberto de Bari. Claramente, Castiglione está rememorando otra época, mucho más alegre. En su contenido, el libro cuarto quizás sea el que mejor se ocupa de la materia política  y aborda temas de gran importancia, como el desarrollado por Octaviano Fregoso, que se refiere a las relaciones entre el buen cortesano y el príncipe, que había sido abordado por tratadistas de la época como Guiciardini o Maquiavelo mismo. A su vez se exponen temas como el juicio sobre las formas de gobierno o los criterios de obediencia a un soberano. Otro tema importante de este libro, será el relativo al amor, tratado por Pietro Bembo, dando cierre a la obra.

De esta manera, Castiglione aborda a través de su obra un tema en boga en el siglo XVI y que perfilaba al perfecto cortesano a partir de diversas posturas desde la antigüedad clásica. Sin embargo, advertía Rogelio Reyes Cano en su edición a la obra de Castiglione de 1984, en editorial Espasa-Calpe, que esta obra no sólo versa sobre el perfecto hombre de corte, sino las normas de conducta que atañen a un ideal de hombre total, tomando en cuenta, el canon físico, moral, cultural, y hasta literario que refleja un código de comportamiento del hombre superior. Son por ende, de fines más bien didácticos los cuatro libros que conforman el cortesano, esbozando así las dinámicas dentro de la corte y la importante forma que tendrán estos a la hora de servir al poderoso, al príncipe y/o monarca. La vida en la corte, según lo expuesto por Castiglione, tiene numerosos matices que son intrínsecos a la vida misma. Sin lugar a dudas, Castiglione no tiene una idea peyorativa del medio cortesano, como lo tendrían Eneas Silvio Piccolomini o fray Antonio de Guevara. La reflexión política que podemos sacar en claro de este libro, gira en torno a ganar la voluntad del príncipe, inclinándolo siempre al bien y apartándolo del mal. De esta manera, Castiglione entrega un manual de civilitàs que permite exponer un texto sobre el buen gobierno y la perfección de los cortesanos alrededor del príncipe, a manera de utopía dialógica que tiene presencia tópica en las letras italianas y españolas de los siglos XVI y XVII.

Alejandro Loeza

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6 comentarios en “El Cortesano de Baltasar de Castiglione

  1. Minerva

    Muy buen y conciso repaso a la obra “El Cortesano”. Me gustaría saber si fechas posteriores se escribieron obras similares en Europa.
    Muchas gracias por su labor

    • Gracias Minerva,
      si que hay obras que posteriormente siguen un poco esta línea de “educar” al cortesano, y al príncipe mismo. En esa línea, es Maquiavelo un paradigma con su Príncipe de 1513. Erasmo también tiene una obra, muy interesante sobre el tema: Educación del príncipe cristiano (1516). También habrá quienes tendrán ideas contrarias a lo dicho por Castiglione, como Fadrique Furió Ceriol en El consejo y consejeros del príncipe (1559). En España, Saavedra Fajardo en sus Empresas políticas de 1640 dirá también se pronuncia sobre el tema de la corte y educación de los consejeros del príncipe. En fin, mucho hay del tema. Muchas gracias por el comentario, espero haya servido aunque sea un poquito (jeje). Saludos

      • Minerva

        Muchas gracias Alejandro por tu atención.
        Sí es cierto existen varios textos humanistas que tratan el tema…no era consciente de ello. Cuanto te hice la consulta se me olvidó enmarcar históricamente. Yo estaba pensando más en el siglo XIX y XX.
        Tengo la mala costumbre de leer -en cuanto saco hueco- varios libros a la vez y no tomar unos apuntes claros y ordenados sobre los títulos.
        Estoy convencida de que he leído una obra sobre ciudad, urbanismo, urbanidad, civismo… creo era contemporánea a la década de los cincuenta.
        La semana pasada estuve reflexionando al respecto, rescaté a Baldessare Castiglione y comencé a hilar pensamientos, surgiéndome esta duda. Buscando por la web te encontré.
        De nuevo, agradezco tu interés.
        Saludos

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