Trilogía de los Pizarros III: La lealtad contra la envidia

Estándar

Esta es la tercera y última comedia sobre los Pizarros. En esta pieza, se refuerzan numerosos tópicos sobre la conquista española, aderezado con el amor cortés y galán de Fernando Pizarro. En esta obra, Tirso de Molina cierra su trilogía demostrando el ingenio en el que, el primer acto, está compuesto por el amor cortés; el segundo por la intensa acción durante la conquista de Perú y las rebeliones almagristas y una tercera que se dedica a rescatar el buen apellido de los Pizarros y a cerrar el ciclo romántico-cortés que se inició en el primer apartado.

El primer acto abre en la plaza de toros de Medina del Campo a donde llega el famoso Fernando Pizarro, procedente del Perú y con el objetivo de entregar el botín-saqueo al Rey, ya que él, afirma, solo “fama pretendo, no plata” (v. 296). La dicha plaza de toros se quema y don Fernando, después de sortear al toro, salva a doña Isabel Mercado, de quien queda enamorado al instante.

Fernando.          Voraz el incendio, crece
el espanto y la inquietud.

Quintanilla.        En una silla han sacado
del riesgo una dama bella.

Fernando.          ¡Válgame Dios! ¿No es aquella
doña Isabel de Mercado?
¿Qué espero aquí si la adoro?

Dentro.                               ¡Huir, que el toril se ha abierto!

Unos.                   ¡Agua! (vv. 355-63)

El rescate de la doncella se da en medio de la cobardía de los demás personajes que acentúa el valor y la gallardía  del conquistador extremeño.

Fernando.          ¡Aquí valor, aquí estrella!
no ha de mal lograr mis gozos
la fortuna, no la suerte.
Amor, esta es mi ocasión. (vv. 375-8)

Don Fernando entrega, desmallada, a Isabel a su hermano, don Alonso Mercado. Manzanilla, personaje secundario, describirá a la doncella:

Manzanilla.        Merece
todo el amor que le ofrece
su beldad.

Castillo.                                Puede en España
ser espejo de doncellas
en virtud, honestidad,
recato, afabilidad
y discreción. (vv. 457-63)

A su vez, Alonso Mercado le ofrece a don Fernando hospedaje en su casa, a manera de agradecimiento, y Vivero, galán que se confrontará contra Fernando, no deja pasar la oportunidad de rememorar sus hasta ahí “notables hazañas” en América: matar indígenas.

Vivero. Dicen que en el Occidente
vuestro ánimo varonil
mataba de mil en mil
los indios (vv. 657-60)

Después de presumir de estas y otras “hazañas” de la conquista, se le advierte a don Fernando que tanto Isabel como su hermana Francisca están enamoradas de él: “La dama que socorristes / os confiesa obligación, / su hermana os muestra afición” (vv. 741-3). Pero don Fernando no da a conocer por cuál de las dos siente afecto: “Yo adoro a una de las dos”. Ellas por su parte, encantadas del amor cortés del galante conquistador:

Isabel.  ¡Qué apacible!

Francisca.                            ¡Qué discreto! (v. 1187)

Aparece en escena Gonzalo Vivero, quien también profesa amor por Isabel y se entera de las pretensiones del conquistador, sintiendo celos del mismo. Entran en escena don Fernando y Alonso, y este le exige que diga a cuál de sus hermanas desea desposar, a lo cual responde que no puede decirlo para no herir a la otra, pero promete casarse con alguna de las dos a su vuelta del Perú. Ya en el lugar del duelo, Vivero reconoce sus celos frente a don Fernando y le termina pidiendo unirse a él en su expedición al Perú, lo cual acepta.

El segundo acto inicia con la acción en batalla en Perú. Da inicio el acto la exaltación bélica en honor al imperio español:

Fernando.          ¡Ea, valor de España,
asombro de la envidia!
Esta es, sin ejemplar, la única hazaña.
¡Más gloria ha de ganar quien con más lidia!
Trescientos mil y más son los contrarios,
menos somos nosotros de trescientos;
ya están, en ordinarios
asaltos semejantes, los alientos
de vuestro esfuerzo heroico acostumbrados
a ejércitos vencer desbaratados. (vv. 1491-1500)

De esta manera, el honor, la hazaña militar y el orgullo de Pizarro se fundamenta en el asesinato con justificación política-militar de indígenas. Pero Tirso de Molina sería consiente de las controversias que los jesuitas mantuvieron con las “formas” de la conquista, realizadas por los militares españoles, así que no omite introducir una escena que sea apologética del genocidio. Durante la guerra que mantienen los hermanos Fernando, Gonzalo y Juan Pizarro en la revuelta contra Inca (Manco II, 1536-1537) se refiere el milagro de la bajada del apóstol Santiago, demostrando así el favor de Dios hacia los españoles y sembrando el temor entre los indígenas que se retiran del campo de batalla: “Baja de una nube sobre un caballo blanco Santiago, armado como le pintan, y húyenle los indios”. Así, Dios a través del apóstol autoriza y avala el asesinato de miles de indígenas… Por si fuese poco, el fuego que hace peligrar a los españoles durante la batalla, es apagado por Nuestra Señora (¡):

Fernando.          No habrá duda
desde hoy, contra envidia tanta,
de que esta conquista es santa
pues Dios nuestra empresa ayuda;
que para que quede muda
la lengua del que se atreve
a decir, torpe y aleve,
que injustamente poseemos
este imperio, ya tenemos
fe que lo contrario pruebe. (vv. 1820-1829)

Inmediatamente después, a los hermanos Gonzalo y Fernando Pizarro se les notifica la muerte de su hermano, Juan. Se da pie a una pieza que condena el hurto y el saqueo del oro…con miras a uso personal, porque el saqueo por y para la corona española sí era correcto. Chacón afirma, al momento de robar:

Chacón.               Como la codicia esfuerza
y en las Indias nadie trata
de pelear y vencer
sino por volver a España
a costa de tanta hazaña
rico y vivir a placer,
porque lo que hemos pillado
se escapase del montón (vv. 2048-55).

Pero Castillo, otro soldado, ve como Chacón es castigado por fuerzas sobrenaturales y aprende la lección de no dejarse llevar por la codicia (¡): “Todo mal viene por bien. / La codicia me empozó” (vv. 2126-7). Por su parte, Castillo intenta abusar de Guaica, india que es noble y profesa gran amor a Pizarro (¡). En otra escena, dialogan Fernando y Gonzalo, quejándose éste último de que el rey no premia con equidad sus méritos y desde acá se hace implícito algunos de los más notorios comentarios en contra de Almagro. Sin embargo, Fernando le obliga a guardar compostura, y mantenerse en la línea de servilismo cortés que exige la monarquía absoluta, exaltando la búsqueda de honra y fama en vez de posesiones materiales…

En escena aparte, Juan de Rada entrega carta a Inga (Manco II) que, escrita por Almagro, le propone aliarse para derrotar al enemigo común: los Pizarros. Como es de suponer, la carga peyorativa sobre los indígenas no sometidos a la voluntad imperial, son, entre muchas cosas, traidores en potencia: en secreto Inga acepta la alianza pero piensa luego ir en contra del mismo Almagro: “Si cumple esas promesas / el español Almagro, sus empresas / serán restauración de mi corona / y él el señor de nuestra indiana zona” (vv. 2342-5). Almagro se rebela contra los Pizarros y Fernando queda preso. En medio de la contienda el soberano inca demuestra sus verdaderas intenciones (recuperar lo propio). Al final de esta dinámica escena, Castillo y Chacón hablan de la traición de Almagro y de la condena a muerte de Fernando. Sin embargo, Fernando compra su libertad a partir de la codicia de Almagro.

El tercer acto se desarrolla en Medina del Campo, ya transcurridos los años. Ahí Isabel Mercado y Gonzalo Vivero mencionan los ya conocidos hechos de la conquista, a la que se añade la batalla entre Fernando Pizarro y Almagro, que tuvo lugar en las Salinas en abril de 1538, con la victoria del extremeño y la condena a muerte del rebelde español. Sin embargo, a la vuelta de Pizarro, este es encarcelado hasta esclarecer los asuntos en el castillo de la Mota, en 1540. Por su parte, Francisca le hace saber a Fernando su interés amoroso por él, estando él en prisión. Una vez fuera, Alonso Mercado le informa a Fernando de la muerte de su hermano Francisco a manos de Almagro el Joven en la batalla de Chupas (1542) pero también le informa que su hermano Gonzalo se ha levantado en Perú contra el gobierno de Carlos V, matando al virrey Núñez Vela. Fernando reniega de Gonzalo, en soliloquio. Entra en escena Isabel quien se ha casado en secreto con Fernando, hace un año y le anuncia que se retira a un convento. Sale y entra en escena Francisca, quien le ofrece las llaves para escapar de prisión, pero él las rechaza porque prefiere morir antes que perder la fama.

Fernando.          Tan costosa libertad,
Alfonso, no es conseguirla,
es perderla. ¡Ojalá el cielo
trocara suertes y, viva
mi cara esposa, acabaran
con mi muerte apetecida! (vv. 4084-89)

Sin embargo, Mercado le hace ver que la virtud del amor de su fallecida hermana debe ser honrada con su vida. De esta manera, Francisca es ofrecida por Fernando y su hermano a Vivero, quien le acepta en matrimonio y cierra la obra con boda y sepelios, evitando (de forma bastante curiosa) la tragedia, pero sin concretar exactamente el típico final de la obra tirsina. Los versos finales los enuncia Mercado:

Mercado. Vamos, pues, y celebremos
las obsequias en Medina
de aquel ángel mal logrado
que eternas luces habita,
y aprenda el prudente cuando
envidiosos le persigan
en don Fernando, pues vence
la lealtad siempre a la envidia. (vv. 4170-77)

Así concluye el tercer acto de la tercera comedia dedicada a los Pizarros, obras de corte pseudo histórico con objetivos apologéticos y reivindicadores del apellido de los extremeños. Si bien, Miguel Zugati ha apuntado correctamente todos los detalles en sus preliminares a dichas obras, es de destacar lo ya dicho por el estudioso: la disparidad tanto en tiempos como en procesos por los cuales Tirso de Molina escribe cada uno de estas piezas. Esta última, si bien condena a Gonzalo Pizarro (reivindicado en Amazonas en las Indias) en esta obra se destacará el proceso de la conquista, aderezado con sus excesos que son apologéticos del mismo. Con ello, Tirso habría servido a la casa de los Pizarros pero también a su estilo, pues en las tres comedias, el honor, la nobleza y el sentido humano tienen una presencia que trasciende al mismo proceso de la conquista y que crea modelos simbólicos en cada uno de sus personajes. Estas son las tres comedias que conforman la trilogía de los polémicos (histórica y culturalmente) Pizarros que, con justicia, pueden ser leídos para entender las recepción que tuvo el mercedario de los mismos, sin por ello dejar de ser juiciosos con el comportamiento humano, que trasciende al contexto del siglo XVII y los valores que se fundamentaron en la recién escrita historia del imperio.

 

Alejandro Loeza

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s