La insoportable levedad del ser de Milan Kundera

Estándar

“Casi flotaba. Se hallaba en el campo mágico de Parménides: disfrutaba de la dulce levedad del ser”

Novela que mezcla la sutil biografía del autor, con los personajes principales, y la filosofía, la historia y la espiritualidad. Pero todo parte de la historia de amor entre Tomás y Teresa. Todo lo demás, los hechos históricos, los personajes secundarios, la voz del narrador, todo ello, es sólo para expresar lo que promete el título: un eterno ir y venir entre lo pesado y lo leve, entre lo alto y lo bajo, entre los místico y lo profanos, entre lo escatológico y lo hermoso, entre el ser y su nihilismo.

De esta novela, rescato ese invaluable “tour” por la compleja historia de la Europa de postguerra. Y digo compleja porque en las mitificaciones actuales, podemos olvidar su verdadero funcionamiento a manera interior, de los individuos que protagonizaron no sólo los eventos políticos, sino la compleja cosmogonía de la misma. Así, Tomás, médico checo, divorciado y con un hijo, comienza una aventura amorosa con Teresa, a la vez que mantiene relaciones esporádicas con otras muchas, entre las que destaca Sabina, pintora que mantendrá relación con Franz. Este “paseo” entre fronteras (ideológicas) de Europa, tiene como propósito mostrar el camino que lleva a Tomás desde su idílica vida como médico en Praga, hasta su final en la pobre zona rural y miserable de la Checoslovaquia comunista, junto a Teresa.

Sabemos que el amor del personaje no es un amor idílico, platónico: si bien parece que Teresa hace gravitar a Tomás sobre sus sentimientos, éste siempre intenta escapar a ese amor. La obra sienta sus bases bajo la premisa del “eterno retorno”, sobre las acciones que conlleva la relación de estos dos personajes y el intento por resolver la pregunta “¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?” (p. 16) y en esencia “El amor que había entre él y Teresa era bello, pero también fatigoso” (p. 37). La novela va desarrollando las trampas que supone ese amor que nunca sabe hacia dónde le lleva. El final de la novela, es una reivindicación de ese alto y bajo, donde Teresa pide perdón por haber arrastrado a Tomás hasta lo más “bajo”, mientras que Tomás le expresa que en realidad (y casi seguro contra su voluntad) le ha llevado hacia la libertad, hacia la levedad: “Y es un gran alivio sentir que eres libre, que no tienes una misión” (p. 319).

Son muchos los pasajes edificados con excelente racionalidad: así por ejemplo, los capítulos que hablan sobre el hijo de Stanlin (Yákov Iósifovich) en principio, triviales, se convierten en una profunda digresión sobre los verdaderos motivos ontológicos sobre los cuales el ser justifica su existencia. Otras, metaficción de la novela, son dignas de tomar en consideración: Tomás, en su crítica al régimen comunista, explica que Edipo, cuando supo que había matado a su padre y fornicado con su madre, no dudó en arrancarse los ojos y autoexiliarse. En ello, Tomás, ve una congruencia política que no se encuentra en los políticos comunistas: lo convierte en una metáfora del como los gobernantes son incapaces de asumir las responsabilidades de sus actos ante la fortuna, el destino, la casualidad, el devenir de la historia, etc. Dos pasajes más son, a lo menos, un interesante referente político y argumental  del ser. El primero es el que está contenido en el capítulo “La gran marcha” donde Franz, amante de Sabina, se apunta para ir a una manifestación en contra de la guerra de Vietnam, a la frontera con dicho país. La marcha está motivada por una chica de gafas grandes quien le inspira amor y ternura a Franz. El relato es rico en los detalles imperceptibles pero ante todo en la falacia de la manifestación, de la derrota de la misma y de lo teatral, kitsh y ridículo de la misma. Pero la peor derrota se la lleva Franz, quien al volver a Europa queda cuadripléjico, incapaz de hablar, de moverse y de expresarse, quedando sepultado su verdadero amor por aquella chica, confinado a estar con la mujer equivocada ante la que no tuvo el valor de decir que no amaba. Por su parte, Sabina desde el arte, se manifiesta contra su tiempo: “Tenía ganas de decirles que detrás del comunismo, del fascismo, de todas las ocupaciones y las invasiones, se esconde un mal más básico y general; para ella la imagen de ese mal es una manifestación de personas que marchan, levantan los brazos y gritan al unísono las mimas sílabas” (pp. 106-7).

Hacia el final de la novela, se sienta las bases de la bondad en Karenim, la perra-mascota de Tomás y Teresa que enferma de cáncer. El amor y la bondad genuina encuentran metáforas encontradas con la religión, con la pseudo bondad del hombre, y Teresa en sus monólogos, expone la miserable condición humana contrastada con la dulzura del animal moribundo. Todo un canto a la bondad que existe en los animales y la potencial maldad del hombre.

La novela, ya un “clásico” del siglo XX es un retrato histórico por referentes, más que por hechos, llegando en ocasiones a ser una “parahistoria” de las historias oficiales del comunismo, de las ideologías, el arte y la cultura europea del siglo XX. Lo que Tomás vive, lo que Teresa siente, y las reflexiones estéticas, filosóficas, ontológicas, metafísicas, etc. son un interesante paso narrativo por la vida de los personajes, a través de dichas digresiones que crean un todo de la perspectiva, tan genuina, en esta obra de Kundera. Al final, la obra es un “es muss sein” que ratifica “la grandeza del hombre” que carga con su insoportable destino.

[Cito por la edición: Kundera, M., La insoportable levedad del ser, trad. F. Valenzuela, Tusquets Editores, México, 2002]

 

Alejandro Loeza

 

Anuncios

Los blues del cocodrilo de Ignacio Arellano

Estándar

 

Poemas de métrica variada que se reúnen bajo este singular título y que encuentra su explicación dentro de la obra. La musa del hablante lírico no es otra sino Lisi, imaginario que ya da título a otras obras del autor. A su vez, es curiosa la forma en la que es utilizado el paratexto (las notas a pie de página) como un guiño como elemento semántico del oficio del autor al juego filológico al que somete su propia obra. Acá algunos poemas de dicha obra.

Otra vez, Lisi, recordándote (fragmento)

Lejana, con mi café valientemente empuñado
quiero olvidarte mientras leo a Petrarca con frenesí
y suena en la guitarra de Narciso Yepes
algo exquisito
sumamente elegante como mi compostura
de hombre de rectas intenciones,
de verdadera hombría
lejos de su amor y de su patria.

Busquemos, Lisi, un remedio porque esto no puede seguir así (fragmento)

Yo quisiera ser un hombre tranquilo
gustador de leves aéreos perfumes,
de ondas sosegadas, de serenas playas,
y no ir de taquicardia en taquicardia
huyendo de tus besos a quemarropa

A lo mejor un día (fragmento)

Yo nací para ciertas conquistas
en mundos lejanos, con carabelas frágiles,
para surcar océanos donde florece el pájaro barnaclas
y acecha en sus costas el lobo menar,
arrear por las pampas los ganados,
o cazar la ballena en el helado sur.

A esto llaman amor

Si quieres, despréciame, adelante;
un día me cansaré y me iré muy lejos,
ya no te aburrirá mi presencia abominable,
ya no oirás mi voz enamorada.
te quedarás más huérfana que el pájaro de Arabia.
y me echarás de menos. Pero tarde;
en un vado estéril de algún río
bien remoto y sin duda bituminoso
habreme muerto ya de soledad y olvido.

Haz lo que te de la gana(fragmento)

A mí nada me importas que me dejes
que ya sabré buscarme quien me quiera
sin tantos aspavimentos.
y hasta puedes quedarte con la casa
y el piano y la caldera del garaje
que necesitarás en el invierno.

(Cito por la edición: Arellano, I., Los blues del cocodrilo, CELYA, Salamanca, 2006.)

Alejandro Loeza

Trilogía de los Pizarros III: La lealtad contra la envidia

Estándar

Esta es la tercera y última comedia sobre los Pizarros. En esta pieza, se refuerzan numerosos tópicos sobre la conquista española, aderezado con el amor cortés y galán de Fernando Pizarro. En esta obra, Tirso de Molina cierra su trilogía demostrando el ingenio en el que, el primer acto, está compuesto por el amor cortés; el segundo por la intensa acción durante la conquista de Perú y las rebeliones almagristas y una tercera que se dedica a rescatar el buen apellido de los Pizarros y a cerrar el ciclo romántico-cortés que se inició en el primer apartado.

El primer acto abre en la plaza de toros de Medina del Campo a donde llega el famoso Fernando Pizarro, procedente del Perú y con el objetivo de entregar el botín-saqueo al Rey, ya que él, afirma, solo “fama pretendo, no plata” (v. 296). La dicha plaza de toros se quema y don Fernando, después de sortear al toro, salva a doña Isabel Mercado, de quien queda enamorado al instante.

Fernando.          Voraz el incendio, crece
el espanto y la inquietud.

Quintanilla.        En una silla han sacado
del riesgo una dama bella.

Fernando.          ¡Válgame Dios! ¿No es aquella
doña Isabel de Mercado?
¿Qué espero aquí si la adoro?

Dentro.                               ¡Huir, que el toril se ha abierto!

Unos.                   ¡Agua! (vv. 355-63)

El rescate de la doncella se da en medio de la cobardía de los demás personajes que acentúa el valor y la gallardía  del conquistador extremeño.

Fernando.          ¡Aquí valor, aquí estrella!
no ha de mal lograr mis gozos
la fortuna, no la suerte.
Amor, esta es mi ocasión. (vv. 375-8)

Don Fernando entrega, desmallada, a Isabel a su hermano, don Alonso Mercado. Manzanilla, personaje secundario, describirá a la doncella:

Manzanilla.        Merece
todo el amor que le ofrece
su beldad.

Castillo.                                Puede en España
ser espejo de doncellas
en virtud, honestidad,
recato, afabilidad
y discreción. (vv. 457-63)

A su vez, Alonso Mercado le ofrece a don Fernando hospedaje en su casa, a manera de agradecimiento, y Vivero, galán que se confrontará contra Fernando, no deja pasar la oportunidad de rememorar sus hasta ahí “notables hazañas” en América: matar indígenas.

Vivero. Dicen que en el Occidente
vuestro ánimo varonil
mataba de mil en mil
los indios (vv. 657-60)

Después de presumir de estas y otras “hazañas” de la conquista, se le advierte a don Fernando que tanto Isabel como su hermana Francisca están enamoradas de él: “La dama que socorristes / os confiesa obligación, / su hermana os muestra afición” (vv. 741-3). Pero don Fernando no da a conocer por cuál de las dos siente afecto: “Yo adoro a una de las dos”. Ellas por su parte, encantadas del amor cortés del galante conquistador:

Isabel.  ¡Qué apacible!

Francisca.                            ¡Qué discreto! (v. 1187)

Aparece en escena Gonzalo Vivero, quien también profesa amor por Isabel y se entera de las pretensiones del conquistador, sintiendo celos del mismo. Entran en escena don Fernando y Alonso, y este le exige que diga a cuál de sus hermanas desea desposar, a lo cual responde que no puede decirlo para no herir a la otra, pero promete casarse con alguna de las dos a su vuelta del Perú. Ya en el lugar del duelo, Vivero reconoce sus celos frente a don Fernando y le termina pidiendo unirse a él en su expedición al Perú, lo cual acepta.

El segundo acto inicia con la acción en batalla en Perú. Da inicio el acto la exaltación bélica en honor al imperio español:

Fernando.          ¡Ea, valor de España,
asombro de la envidia!
Esta es, sin ejemplar, la única hazaña.
¡Más gloria ha de ganar quien con más lidia!
Trescientos mil y más son los contrarios,
menos somos nosotros de trescientos;
ya están, en ordinarios
asaltos semejantes, los alientos
de vuestro esfuerzo heroico acostumbrados
a ejércitos vencer desbaratados. (vv. 1491-1500)

De esta manera, el honor, la hazaña militar y el orgullo de Pizarro se fundamenta en el asesinato con justificación política-militar de indígenas. Pero Tirso de Molina sería consiente de las controversias que los jesuitas mantuvieron con las “formas” de la conquista, realizadas por los militares españoles, así que no omite introducir una escena que sea apologética del genocidio. Durante la guerra que mantienen los hermanos Fernando, Gonzalo y Juan Pizarro en la revuelta contra Inca (Manco II, 1536-1537) se refiere el milagro de la bajada del apóstol Santiago, demostrando así el favor de Dios hacia los españoles y sembrando el temor entre los indígenas que se retiran del campo de batalla: “Baja de una nube sobre un caballo blanco Santiago, armado como le pintan, y húyenle los indios”. Así, Dios a través del apóstol autoriza y avala el asesinato de miles de indígenas… Por si fuese poco, el fuego que hace peligrar a los españoles durante la batalla, es apagado por Nuestra Señora (¡):

Fernando.          No habrá duda
desde hoy, contra envidia tanta,
de que esta conquista es santa
pues Dios nuestra empresa ayuda;
que para que quede muda
la lengua del que se atreve
a decir, torpe y aleve,
que injustamente poseemos
este imperio, ya tenemos
fe que lo contrario pruebe. (vv. 1820-1829)

Inmediatamente después, a los hermanos Gonzalo y Fernando Pizarro se les notifica la muerte de su hermano, Juan. Se da pie a una pieza que condena el hurto y el saqueo del oro…con miras a uso personal, porque el saqueo por y para la corona española sí era correcto. Chacón afirma, al momento de robar:

Chacón.               Como la codicia esfuerza
y en las Indias nadie trata
de pelear y vencer
sino por volver a España
a costa de tanta hazaña
rico y vivir a placer,
porque lo que hemos pillado
se escapase del montón (vv. 2048-55).

Pero Castillo, otro soldado, ve como Chacón es castigado por fuerzas sobrenaturales y aprende la lección de no dejarse llevar por la codicia (¡): “Todo mal viene por bien. / La codicia me empozó” (vv. 2126-7). Por su parte, Castillo intenta abusar de Guaica, india que es noble y profesa gran amor a Pizarro (¡). En otra escena, dialogan Fernando y Gonzalo, quejándose éste último de que el rey no premia con equidad sus méritos y desde acá se hace implícito algunos de los más notorios comentarios en contra de Almagro. Sin embargo, Fernando le obliga a guardar compostura, y mantenerse en la línea de servilismo cortés que exige la monarquía absoluta, exaltando la búsqueda de honra y fama en vez de posesiones materiales…

En escena aparte, Juan de Rada entrega carta a Inga (Manco II) que, escrita por Almagro, le propone aliarse para derrotar al enemigo común: los Pizarros. Como es de suponer, la carga peyorativa sobre los indígenas no sometidos a la voluntad imperial, son, entre muchas cosas, traidores en potencia: en secreto Inga acepta la alianza pero piensa luego ir en contra del mismo Almagro: “Si cumple esas promesas / el español Almagro, sus empresas / serán restauración de mi corona / y él el señor de nuestra indiana zona” (vv. 2342-5). Almagro se rebela contra los Pizarros y Fernando queda preso. En medio de la contienda el soberano inca demuestra sus verdaderas intenciones (recuperar lo propio). Al final de esta dinámica escena, Castillo y Chacón hablan de la traición de Almagro y de la condena a muerte de Fernando. Sin embargo, Fernando compra su libertad a partir de la codicia de Almagro.

El tercer acto se desarrolla en Medina del Campo, ya transcurridos los años. Ahí Isabel Mercado y Gonzalo Vivero mencionan los ya conocidos hechos de la conquista, a la que se añade la batalla entre Fernando Pizarro y Almagro, que tuvo lugar en las Salinas en abril de 1538, con la victoria del extremeño y la condena a muerte del rebelde español. Sin embargo, a la vuelta de Pizarro, este es encarcelado hasta esclarecer los asuntos en el castillo de la Mota, en 1540. Por su parte, Francisca le hace saber a Fernando su interés amoroso por él, estando él en prisión. Una vez fuera, Alonso Mercado le informa a Fernando de la muerte de su hermano Francisco a manos de Almagro el Joven en la batalla de Chupas (1542) pero también le informa que su hermano Gonzalo se ha levantado en Perú contra el gobierno de Carlos V, matando al virrey Núñez Vela. Fernando reniega de Gonzalo, en soliloquio. Entra en escena Isabel quien se ha casado en secreto con Fernando, hace un año y le anuncia que se retira a un convento. Sale y entra en escena Francisca, quien le ofrece las llaves para escapar de prisión, pero él las rechaza porque prefiere morir antes que perder la fama.

Fernando.          Tan costosa libertad,
Alfonso, no es conseguirla,
es perderla. ¡Ojalá el cielo
trocara suertes y, viva
mi cara esposa, acabaran
con mi muerte apetecida! (vv. 4084-89)

Sin embargo, Mercado le hace ver que la virtud del amor de su fallecida hermana debe ser honrada con su vida. De esta manera, Francisca es ofrecida por Fernando y su hermano a Vivero, quien le acepta en matrimonio y cierra la obra con boda y sepelios, evitando (de forma bastante curiosa) la tragedia, pero sin concretar exactamente el típico final de la obra tirsina. Los versos finales los enuncia Mercado:

Mercado. Vamos, pues, y celebremos
las obsequias en Medina
de aquel ángel mal logrado
que eternas luces habita,
y aprenda el prudente cuando
envidiosos le persigan
en don Fernando, pues vence
la lealtad siempre a la envidia. (vv. 4170-77)

Así concluye el tercer acto de la tercera comedia dedicada a los Pizarros, obras de corte pseudo histórico con objetivos apologéticos y reivindicadores del apellido de los extremeños. Si bien, Miguel Zugati ha apuntado correctamente todos los detalles en sus preliminares a dichas obras, es de destacar lo ya dicho por el estudioso: la disparidad tanto en tiempos como en procesos por los cuales Tirso de Molina escribe cada uno de estas piezas. Esta última, si bien condena a Gonzalo Pizarro (reivindicado en Amazonas en las Indias) en esta obra se destacará el proceso de la conquista, aderezado con sus excesos que son apologéticos del mismo. Con ello, Tirso habría servido a la casa de los Pizarros pero también a su estilo, pues en las tres comedias, el honor, la nobleza y el sentido humano tienen una presencia que trasciende al mismo proceso de la conquista y que crea modelos simbólicos en cada uno de sus personajes. Estas son las tres comedias que conforman la trilogía de los polémicos (histórica y culturalmente) Pizarros que, con justicia, pueden ser leídos para entender las recepción que tuvo el mercedario de los mismos, sin por ello dejar de ser juiciosos con el comportamiento humano, que trasciende al contexto del siglo XVII y los valores que se fundamentaron en la recién escrita historia del imperio.

 

Alejandro Loeza

Trilogía de los Pizarros II: Amazonas en las Indias de Tirso de Molina

Estándar

Continuando con las comedias que, como se comentó en el análisis de la primera parte de esta trilogía, creemos fue encargada a Tirso para ser parte de la campaña de “limpia” de los Pizarros. Amazonas en las Indias es una obra dramática de tres actos con una mayor dinámica y que de forma amena introduce el tema de la grandeza de las acciones de Gonzalo Pizarro, hermano de don Francisco, por quien la familia caería en desgracia durante el gobierno de Carlos V. Tirso, con esta comedia, nos muestra una vez más como la literatura suele ser maniquea, pero ante todo una gran evasión: en su objetivo por limpiar el nombre de los Pizarros, Tirso omite los temas cruciales en política, como la promulgación de las Leyes Nuevas, pugnadas por fray Bartolomé de las Casas en favor de los indígenas, y en cambio, crea una narración con numerosos elementos alegóricos y que ennoblecen al conquistador español.

El primer acto abre con Gonzalo Pizarro y su maestre de campo, Francisco Carvajal, combatiendo a las amazonas. Estas son Menalipe, reina de las amazonas y Martesia, hermana de la anterior, quienes defienden sus tierras de los conquistadores pero que pronto sucumben amorosamente (¡) a los españoles. Así, Menalipe queda irrevocablemente enamorada de Pizarro y Martesia de Carvajal, ofreciendo Martesia:

Quédate aquí, serás mi esposo y dueño,
haré por causa tuya
que ley rigurosa se destruya
desta región y su infecundo empeño. (vv. 160-3)

Llama la atención como la obra de Tirso pone en relieve la dura condición que le impedía comprender la cosmogonía de los pueblos indígenas, anteponiendo fantásticas narraciones entremezcladas con mitología occidental. Los versos que van del 405 al 435 en voz de Menalipe, son un buen ejemplo que manifiesta ese choque de culturas. Con todo ello, Tirso intentará justificar la nobleza de estas hermanas amazonas. La misma Menalipe le dice: «Sé, en fin, que buscando fama / vienes, español» (vv. 555-6) y reitera la petición matrimonial, con sometimiento gratuito incluido: «Admíteme por tu esposa; / derogaranse mis leyes, / juzgaranse venturosas / a tus pies estas provincias» (vv. 586-9). Sin embargo, el galán y noble Gonzalo advierte:

Para casarme contigo
eres de contraria ley.
Vengo en nombre de mi rey,
leal sus órdenes sigo.
Esta bélica región
por dueño suyo te adora;
si te doy la mano agora
tendrá la envidia ocasión
de afirmar que me levanto
contra mi rey con la tierra.
La lealtad que en mí se encierra
es de siete, obliga a tanto,
que a tu afición contradice,
porque la honra y su interés
no estriba tanto en lo que es
como en lo que el vulgo dice. (vv. 639-54)

Viendo una salida diplomática al asunto, Pizarro promete volver para casarse con Menalipe, haciendo uso de su galantería y dotes diplomáticos (?). Antes de partir, las hermanas amazonas les advierten de su trágico futuro, y les advierte cuidado. En otra escena con un salto de meses hacia el futuro, entran en escena Diego de Almagro el Mozo, quien presume haber matado a Francisco Pizarro para vengar a su padre, Diego de Almagro el Viejo. Almagro, se proclama gobernador del Perú, teniendo un choque con García de Alvarado y Vaca de Castro, terminando así el acto.

Diego.  Solo el vencido
es traidor. Los excesos
del vencedor canonizan
lealtades. ¡Al arma! ¡A ellos! (vv. 925-8)

¡O César o nada!
¡O el cuchillo o el imperio! (931-2)

 

La segunda parte de la comedia se da después de la batalla de Chupas (septiembre de 1542) donde Almagro el Joven ha sido derrotado. Gonzalo regresa de su expedición, celebra el nuevo cargo de gobernador del Perú, Vaca de Castro, quien pide el relato de la misión de canela, la cual es narrada extensamente por Carvajal. Después es anunciada la llegada de Núñez de Vela como virrey de Perú, por orden de Carlos V. Gonzalo advierte que su hermano le habría dejado ese cargo encomendado, y ante la nueva normativa, esperará la ratificación del emperador y añade:

Mas si el virrey que viene
turba la paz que agora el Pirú tiene
(como dél se recela y conjeturo)
y a mis servicios muestra ingrato pecho,
por fuerza habré de usar de mi derecho. (vv. 1633-7)

Al final opta por retirarse a la encomienda de Los Charcas. Aparecen nuevamente en escena Martesia y su hermana, quien advierte que Gonzalo será víctima de traición y morirá decapitado. Ya en Los Charcas, Gonzalo consuela a su sobrina, Francisca, hija de Francisco Pizarro, y le promete matrimonio, amparándose en lo dispuesto por el Papa, como dispensa al incesto en la época entre españoles:

Gonzalo.             Título más venturoso
querrá el celo que me cuadre,
si como me llamáis padre
venís a llamarme esposo (1778-81)

pues en semejantes grados
suele el Papa dispensar; (vv. 1792-3)

Carvajal aparece e informa a Pizarro que Núñez Vela siembra la discordia en el Perú. Toda la escena la han presenciado en secreto las amazonas, quienes recriminan a Gonzalo su actitud, y le reiteran el fatal vaticinio. Él determina

Gonzalo.             Mientras el emperador
no derogare el dominio
que en daño de mi derecho
han negociado validos
para Blasco Núñez Vela,
a las Charcas me retiro,
donde en quietud y descanso
saldré destos laberintos. (vv. 1990-7)

Menalipe y Martesia huyen volando, llevándose de las orejas a Trigueros, haciendo uso el autor del exotismo propio de la forma de pensar de los españoles de la época: «fuerza de hechizos, / que en esta tierra el demonio / con esto engaña a los indios» (vv. 2055-7).

El último acto se da un mes después del anterior, donde Gonzalo celebra su retiro en Los Charcas. Trigueros regresa de forma mágica y advierte de los suplicios a manos de las amazonas. Carvajal entra en escena y junto con otros militares le piden a Gonzalo que intervenga en contra de los atropellos y actitud tiránica de Núñez Vela. A su vez, recuerda que el imperio español debe ser modelo de gobierno para los indios, quienes ignorantes de deber obediencia y veneración a aristocracias y dioses de otros lares, no se les pude dejar sin ley que les someta:

Carvajal.              Nuestra ley, cuyos principios
saben los indios apenas,
¿podrá en ellos ser durable
si en su libertad los dejan? (vv. 2356-9)

Este acepta y ante Carvajal aparece Martesia y Menalipe, quienes ofrecen refugio en sus tierras ante la inminente guerra civil. Después de la guerra, Gonzalo está dispuesto a seguir las órdenes de Carlos V, pero Carvajal y los militares le exigen ser cabeza de estos para independizarse de Castilla, algo que su honor no le permite, entonces es sometido y decapitado.

Gonzalo.             ¡Vive el cielo! ¡Desleal,
desconocido, traidor!

Carvajal.              Sé rey, no gobernador. (Vase.)

Uno.                                      Todos con Carvajal
venimos a coronarte

Todos.                 Esto tu ejército pide (vv. 3080-5)

Gonzalo.             Diga que pude la fama ser
monarca y que no quise,

que todos me desamparan
por fiel, por leal, por noble;
será feliz mi desgracia (vv. 3104-7)

La última escena la cierran Menalipe y Martesia comentando como se ha cumplido el negro augurio y sin embargo, advierten que el apellido Pizarro triunfará en los años venideros con un bisnieto Francisco, quien no es otro sino Juan Fernando Pizarro, quien conoció a Tirso durante la estancia de este en Trujillo.

De esta manera, Tirso escribe esta comedia, en la cual, edifica la figura de Gonzalo Pizarro, conquistador español que, tras algunos trastoques de voluntades, hechizos y malos entendidos, se apega a la historia que se conoce sobre el conquistador. Así, podemos observar como esos “huecos” de la historia dan pie a ficcionalizar motivos: en vez de un traidor a la corona, Pizarro es víctima de sus buenas e inocentes intenciones, así como de su alta nobleza (proveniente de bastardos, como hemos visto en la primera parte de la comedia). Tirso hace de todo ya no por ennoblecer a los Pizarros (trabajo anterior) sino en demostrar como el hecho por el cual le fue retirado el marquesado, debía ser restituido, y la obra cumple la función de panfleto ideológico a través de la exótica visión española de la conquista en el siglo XVII.

 

 

Alejandro Loeza

España, según Tirso de Molina

Estándar

Hace algún tiempo me topé con un texto que descubrió don Marcelino Menéndez Pelayo en las bibliotecas españolas de principios del siglo XX. Dicho texto, lo atribuyó a Tirso de Molina. Lo interesante de este pasaje, que, hasta donde sé, no ha sido discutido, es la descripción que hace Tirso de la España del siglo XVII. Una descripción interesante en el marco de las letras áureas, ya que el texto presenta los principados y delimitaciones geográficas de España, no sin la carga barroca de la escritura del mercedario. He aquí el texto:

Siguiendo, pues, este discurso, si la cabeza y el principio del universo mundo es el oriente de quien le tuvo el movimiento del sol y los celestes orbes (que es como el alba de todo lo criado), habrémosle de dar proporcionalmente a España la disposición misma (pues las especies participan necesariamente de la forma y esencia de su género), y comenzando su organización por la cabeza, desde la región más oriental (que es por donde se origina), distinguiéndose de Francia, hallaremos ser Cataluña su cabeza (que es la que al nacimiento del sol la da principio), serán pies suyos Portugal, y el reino de Galicia (que tienen por límites al océano), su derecho brazo los de Aragón y de Navarra, el izquierdo los de Valencia y Murcia, el pecho, asiento del corazón y de las dos vidas, sensitiva y vegetal, las dos Castillas, vieja y nueva; discurriendo de este modo, por las demás regiones suyas, cojeturaremos que las de la siniestra parte (que son Andalucía, Algarves, Extremadura y lo que bañan Guadaña y Tajo) son como el izquierdo muslo de este cuerpo (no he hallado voz más aliñada para la descripción que pinto, y así es forzoso que me valga de ésta), la pierna, el pie y los dedos (que le dan fin), el reino Lusitano y el derecho, los restantes de la provincia misma, con las de Galicia y las Asturias.

El texto fue extraído de Menéndez Pelayo, M., “Una obra inédita de Tirso de Molina”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, t. XVIII, 1908, pp. 1-17. Este fragmento procede de las pp. 7-8.

El Cortesano de Baltasar de Castiglione

Estándar

Es de llamar la atención la serie de textos que se dieron entre los siglos XV y XVII que exponían principios, ideas y dinámicas que los gobernantes, o buenos príncipes, debían de tener con respecto al buen gobierno. Más aun es destacable el lugar que ocuparon los textos de los italianos, entre ellos el más reclamado y conocido es, casi seguro, El príncipe de Maquiavelo. La obra de Maquiavelo toma como eje los diálogos lucianescos, que eran de principios mucho más liberales, mientras que los diálogos ciceroneanos transmitían una edificación del ser humano a partir de la virtud. Este último modelo guarda relación con una obra que tuvo particular influencia en la España del siglo XVI: El cortesano de Baltasar de Castiglione.

Castiglione fue un hombre que se rodeó de círculos cortesanos: nacido en 1478, en Mantua, Italia, estuvo en la corte de Francisco Gonzaza, y posteriormente en la corte de Urbino, que tendría gran influencia en sus maneras políticas y diplomáticas así como en la redacción de El Cortesano. Estuvo bajo las órdenes del papa León X y posteriormente de Adriano VI, quien le envió en 1524 a España en calidad de nuncio. Falleció en 1529 en Toledo, y posteriormente el emperador Carlos V diría “es muerto uno de los mejores caballeros del mundo”. El libro Del cortegiano lo redactó Castiglione entre 1513 y 1518, justo después de terminar su estancia en la corte de Urbino. El Cortesano está escrito a través del género del diálogo, en cuyo caso tendría en cuenta la tradición de las obras de Platón y Cicerón. La obra esbozará los elementos que conforman no sólo al cortesano en sí, sino un ideal de perfección humana.

La obra comienza con el planteamiento argumental, anunciado desde el prólogo al Libro I como intención de “formar con parole un perfetto cortegiano” haciendo emanar de la dialéctica propia de la corte el ideal de hombre, que a su vez deberá ser una civilità, es decir, una norma de vida.  En el Libro I, los nobles de la corte de Urbino se reúnen en el palacio con la duquesa Isabel Gonzaga y su cuñada Emilia Pía. El tema que rige este primer coloquio será las actitudes que debe tener el cortesano perfecto, siendo Ludovico de Canosa quien desarrolle la cuestión, con el sucesivo diálogo entre los participantes.  Así, se perfilan las cualidades físicas e intelectuales  a través de anécdotas de los tertulianos. A su vez,  se introduce el tema de la intelectualidad en el ámbito cortés y las divagaciones eruditas y cultas.  El diálogo concluye con la llegada del prefecto a Roma y los tertulianos proceden a bailar y jugar, hasta que la duquesa se retira y todos se van a dormir.

El Libro II abre con las advertencias de Castiglione acerca de las excesivas ponderaciones de los viejos a las cortes antiguas en detraimiento de las contemporáneas. Así, desecha la exaltación de “todo tiempo pasado fue mejor” destacnado la excelencia de la corte de Urbino. El coloquio se da al día siguiente donde quedó el Libro I y la continua Federico Fregoso, donde se destacarán las gracias que debe tener el cortesano, tomando la palabra Bernardo Bibbiena, quien hace un tipología de las gracias verbales y ejemplifica con anécdotas e historias. A propósito de las burlas y chistes, se aborda el tema de la condición de la mujer y su condición de donna di palazzo, con lo cual se encarga a Julián el Magnífico que trace dicho tema en la siguiente noche.

Así, el Libro III abordará el tema de la mujer y su condición natural, destacando sus virtudes Julián el Magnífico y vituperada por Gaspar Pallavicino. Este tema era un tópico medieval que aun hacía presencia en diversas tertulias del siglo XVI. A través de la erudición clásica, Julián el Magnífico termina destacando de manera aplastante las virtudes y bondades de la mujer.

El cuarto y último libro de El Cortesano cierra con un cambio de perspectiva, cuando el hablante adquiere una forma mucho más personal y menos retórica. En el prólogo a este cuarto libro Castiglione destacará la importancia de hablar sobre hechos pasados, a la vez que lamenta la muerte de algunos de los tertulianos, como Pallavicino, César Gonzaga y Roberto de Bari. Claramente, Castiglione está rememorando otra época, mucho más alegre. En su contenido, el libro cuarto quizás sea el que mejor se ocupa de la materia política  y aborda temas de gran importancia, como el desarrollado por Octaviano Fregoso, que se refiere a las relaciones entre el buen cortesano y el príncipe, que había sido abordado por tratadistas de la época como Guiciardini o Maquiavelo mismo. A su vez se exponen temas como el juicio sobre las formas de gobierno o los criterios de obediencia a un soberano. Otro tema importante de este libro, será el relativo al amor, tratado por Pietro Bembo, dando cierre a la obra.

De esta manera, Castiglione aborda a través de su obra un tema en boga en el siglo XVI y que perfilaba al perfecto cortesano a partir de diversas posturas desde la antigüedad clásica. Sin embargo, advertía Rogelio Reyes Cano en su edición a la obra de Castiglione de 1984, en editorial Espasa-Calpe, que esta obra no sólo versa sobre el perfecto hombre de corte, sino las normas de conducta que atañen a un ideal de hombre total, tomando en cuenta, el canon físico, moral, cultural, y hasta literario que refleja un código de comportamiento del hombre superior. Son por ende, de fines más bien didácticos los cuatro libros que conforman el cortesano, esbozando así las dinámicas dentro de la corte y la importante forma que tendrán estos a la hora de servir al poderoso, al príncipe y/o monarca. La vida en la corte, según lo expuesto por Castiglione, tiene numerosos matices que son intrínsecos a la vida misma. Sin lugar a dudas, Castiglione no tiene una idea peyorativa del medio cortesano, como lo tendrían Eneas Silvio Piccolomini o fray Antonio de Guevara. La reflexión política que podemos sacar en claro de este libro, gira en torno a ganar la voluntad del príncipe, inclinándolo siempre al bien y apartándolo del mal. De esta manera, Castiglione entrega un manual de civilitàs que permite exponer un texto sobre el buen gobierno y la perfección de los cortesanos alrededor del príncipe, a manera de utopía dialógica que tiene presencia tópica en las letras italianas y españolas de los siglos XVI y XVII.

Alejandro Loeza

Workshop sobre blogs y visibilidad

Estándar

Shai Cohen  imparte este sábado 25 de mayo de 2013 un Workshop sobre estrategias de visibilidad y diseño de blogs. En el mencionado Workshop, Cohen muestra los elementos a tomar en cuenta a la hora de elaborar y desarrollar blogs y webs de tipo académico, destacando la importsncia de los motores de busqueda y la popularización de contenidos culturales.

image

A su vez, se ha hablado de los procesos prácticos y legales que conlleva el mantenimiento y uso de estos espacios virtuales. Cohen ha destacado la importancia de conocer al lector de nuestros espacios para poder dirigir un mejor contenido. Las estrategias plantesdas por el doctorando de la Universidad de Navarra es el administrador de GRISOSFERA, red de blogs académicos y culturales.

Posteriormente, Cohen ha dado un curso práctico sobre cómo utilizar las tres ‘tes’ (task, topic, target) aplicándolo a los blogs de los participantes de este curso. A su vez, los participantes han manifestado sus inquietudes, dudas y comentarios a partir de experiencias propias. También se ha aborddo el tema de hacer compatible la vida académica con las redes.

image

 

Alejandro Loeza